La Constitución de 1876 y el Funcionamiento del Sistema de la Restauración
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La Constitución de 1876 y el Marco Jurídico de la Restauración
2. Con esta falta de concreción en muchos aspectos del ordenamiento jurídico, se hacía posible que cada partido pudiese gobernar con sus propios principios, sin necesidad de reformar el texto constitucional.
Instituciones y Poderes: El Papel de la Corona
Entre los elementos más significativos que se plantean en el articulado que comentamos, debemos destacar la importancia de la figura del Rey, árbitro de la vida política para garantizar el funcionamiento del sistema y dotado de amplios poderes:
- Derecho de veto.
- Suspensión y disolución de las Cortes.
- Nombramiento de ministros.
Las Cortes son bicamerales, compuestas por un Senado elitista y un Congreso elegido, aunque inicialmente no se fijó el tipo de sufragio (el sufragio universal masculino se proclamaría finalmente en 1890).
La Cuestión Religiosa y las Relaciones Exteriores
Muy importante es la cuestión religiosa, que generó intensos debates antes de su definición definitiva. Se aceptó un Estado confesional católico, aunque se toleraban otras creencias, siempre que no se hiciese manifestación pública de ellas. Aunque esto significaba un retroceso respecto a la libertad de cultos de 1869, al menos se negó el principio de unidad católica que muchos sectores querían restablecer, lo que obligó a soportar fuertes presiones del Vaticano y de la Iglesia Católica española. Además, la tolerancia hacia los protestantes resolvió diversos problemas en las relaciones exteriores, especialmente con Inglaterra.
El Bipartidismo y el Turno Pacífico
El sistema de la Restauración, del cual esta Constitución es el alma, se apoyaba en el modelo de bipartidismo británico: dos partidos, el Conservador del propio Cánovas del Castillo y el Liberal de Sagasta, que aceptasen los principios constitucionales y se turnasen en el ejercicio del poder, renunciando así a la opción del pronunciamiento militar.
Ambos partidos coincidían en los pilares fundamentales:
- Defensa de la monarquía.
- Estado unitario y centralista.
- Respeto a la Constitución y la propiedad privada.
Representaban a las élites económicas y a las clases medias acomodadas, aunque los liberales de Sagasta eran más laicos, progresistas y defendían derechos más amplios, incluyendo el sufragio universal. Tras la muerte del rey en 1885, ambos partidos firmaron el Pacto del Pardo para apoyar a la regente, María Cristina de Habsburgo, y garantizar la continuidad del sistema frente a las presiones de carlistas y republicanos.
Corrupción Electoral y Descomposición del Sistema
Sin embargo, esta alternancia en el poder se basaba en la corrupción del sistema electoral mediante la ley de caciques, el sistema del encasillado e incluso el recurso al falseamiento del censo y el acta electoral (conocido como pucherazo).
Pese a la corrupción, el sistema logró normalizar la vida política y obtuvo éxitos iniciales, como poner fin a la Guerra de Cuba y a la Guerra Carlista. No obstante, con la muerte de Cánovas en 1897 y de Sagasta en 1903, se inició la descomposición del sistema. Sus sucesores no supieron controlar los movimientos emergentes como el regeneracionismo, el nacionalismo o el republicanismo. Acontecimientos como la Crisis del 98, la Semana Trágica, la Crisis de 1917 y la Dictadura de Primo de Rivera favorecieron la erosión definitiva del régimen. Finalmente, en 1931, la proclamación de la Segunda República y la expulsión de Alfonso XIII pusieron fin a esta etapa histórica.