Consecuencias de la Industrialización: Población y Ciudades en el Siglo XIX

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Los Efectos de la Industrialización en la Población y en las Ciudades

La Revolución Industrial fue también un proceso de cambio social. A lo largo del siglo XIX se aceleró el crecimiento de la población y se produjeron grandes migraciones a las ciudades y a las colonias de ultramar.

El Acelerado Crecimiento Demográfico del Siglo XIX

El aumento de población durante la segunda mitad del siglo XVIII se intensificó en el siglo XIX, a un ritmo que no tenía precedentes: en Europa residían más de 400 millones de habitantes en 1900; fue la época en la que la población europea tuvo el mayor peso de toda su historia en el conjunto mundial (24,7% del total).

Las causas de este crecimiento demográfico fueron dos:

  • El descenso brusco de la mortalidad, motivado por nuevos avances médicos y las continuas mejoras en la higiene y la alimentación. Por ejemplo, se mejoraron los servicios de alcantarillado, recogida de basuras y abastecimiento de agua potable, se multiplicaron... Estos progresos prolongaron la esperanza de vida en Europa occidental, que pasó de 35 a 50 años entre 1800 y 1900. Al mismo tiempo se redujo la tasa de mortalidad infantil.
  • El incremento de la fecundidad. Las mejores expectativas económicas hicieron que las parejas se casaran más jóvenes (con menos de 25 años), por lo que podían tener más hijos. No obstante, en algunos países, como Francia, comenzó a practicarse un cierto control de la natalidad.

Las Migraciones a las Ciudades

La Revolución Industrial aceleró la mecanización de las labores agrícolas y concentró la producción en las ciudades. Muchos campesinos tuvieron que marchar a las ciudades en busca de trabajo. Por eso, en el siglo XIX se produjo un intenso proceso de urbanización en Europa: en 1800 solo un 10% de los europeos vivían en ciudades, pero a finales del siglo XIX lo hacía un 40%.

El número de ciudades y su tamaño crecieron asombrosamente. En 1800 no existía ninguna ciudad en el mundo que superara el millón de habitantes, y en Europa solo había 23 de más de 100 mil habitantes. Al finalizar el siglo, ya eran 12 las que superaban el millón y en Europa había 135 ciudades con más de 100 mil habitantes.

Muchas ciudades prosperaron en torno a las fábricas, por ejemplo, Mánchester y Liverpool en Gran Bretaña. El desarrollo de otras se debió al comercio, como Marsella, en Francia.

La migración de los campesinos fue rápida y sin planificar, por lo que las ciudades crecieron de forma desordenada. Los más pobres se hacinaban en viviendas de baja calidad en el centro y junto a las fábricas, sin servicios públicos (agua, luz, transporte...) y con un aire contaminado.

En la segunda mitad del siglo XIX se planificaron nuevos barrios, con casas de buena calidad, calles ordenadas y todo tipo de servicios, a los que llamamos ensanches. Ahí vivían la burguesía y las clases medias.

Las Migraciones de Europeos a Otros Continentes

Las ciudades no pudieron absorber todo el éxodo campesino. Por eso, entre 1800 y 1924, 60 millones de europeos emigraron a otros continentes. Los nuevos medios de transporte favorecieron las migraciones.

Esas migraciones transoceánicas se produjeron por oleadas: hasta 1870 los que más emigraron fueron los británicos y los escandinavos; posteriormente, les sucedieron los centroeuropeos; a finales de siglo, los grupos que más emigraron fueron italianos, españoles (casi 4,5 millones), griegos y turcos.

La mayor parte de los emigrantes europeos se dirigió a América, en especial a Canadá, Brasil, Argentina y sobre todo Estados Unidos, que recibió casi el 60% de los emigrantes. También Australia y Nueva Zelanda fueron importantes destinos.