La Conquista y Romanización de Hispania: Historia y Transformación Cultural

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La Conquista de Hispania: De las Guerras Púnicas a la Consolidación

Los romanos vencieron a los cartagineses en la Iª Guerra Púnica (241 a.C.) y firmaron con ellos el Pacto del Ebro (226 a.C.). Limitaron su presencia en la Península a la zona norte de dicho río y a unas pocas ciudades al sur (Sagunto). Aníbal, general cartaginés, reinició las hostilidades, intentó destruir Roma y entró en Italia por los Alpes (IIª Guerra Púnica). Roma se hizo presente definitivamente en la Península (218 a.C.). Comenzó así la conquista peninsular, que terminaría al someter Agripa a los pueblos de la zona cantábrica (29 a.C.-19 a.C.).

El Proceso de Romanización

La romanización es un proceso complejo por el que los pueblos autóctonos hispanos asimilan, por imposición o por adaptación, a lo largo de doscientos años, las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales del Imperio romano (lengua, religión, derecho, arte, urbanismo, moneda, etc.).

El proceso de aculturación que lleva implícita la romanización fue desigual en el espacio y en el tiempo debido a la diversidad étnica y cultural que presentaba la Península —mayor que en cualquier otra región europea— y al tiempo que duró la conquista. La romanización supuso la desaparición de elementos culturales autóctonos (entre ellos, las lenguas peninsulares) y su transformación y adaptación a las estructuras romanas.

Este proceso se desarrolló de forma pacífica y rápida en el sur y levante peninsular, y de manera más lenta y conflictiva en el resto de la Península.

Instrumentos de Romanización

Existieron diversos instrumentos de romanización que se desarrollaron por vía cultural o administrativa:

  • Lengua latina: El latín, hablado por las legiones y base de la mayoría de las lenguas actuales peninsulares, fue la lengua común y oficial de la administración, además del medio básico de transmisión de la cultura romana.
  • Estructura política: La organización de la Península se acomodó a la estructura romana, bajo el concepto de Estado romano y el Derecho Romano. La división administrativa comenzó con la Citerior y Ulterior; Augusto (14 a.C.) dividió Hispania en tres provincias: Bética, Lusitania y Tarraconensis. Posteriormente, Diocleciano (297 d.C.) creó cinco: Gallaecia, Cartaginensis, Tarraconensis, Bética y Lusitania.
  • Ciudadanía romana: La concesión de derechos y privilegios a los indígenas fue un reclamo para facilitar la dominación. Hispania, una de las provincias más romanizadas, dio al Imperio emperadores (Trajano, Adriano) e importantes filósofos (Séneca).
  • Religión: La religión politeísta romana (Júpiter, Saturno, Venus…) y, posteriormente, a partir del siglo I, el cristianismo se difundieron por todo el Imperio y por Hispania.
  • Infraestructuras: Para controlar el territorio, se construyó una red bien estructurada de calzadas, ejes comerciales y militares.

En ocasiones, la romanización se llevó a cabo con medidas drásticas, tales como la esclavitud, el desplazamiento de la población o el exterminio de la población masculina en edad de combatir.

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