La Conquista Musulmana de la Península Ibérica: Causas y Desarrollo Histórico
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1. La entrada de los árabes en la Península Ibérica
En el siglo VIII d. C., los musulmanes se habían extendido desde la península arábiga por todo el norte de África. En el año 711, un conjunto de bereberes islamizados y árabes cruzó el estrecho de Gibraltar e inició la ocupación de la Península Ibérica, dando lugar a Al-Ándalus. Esta presencia se mantuvo hasta 1492, cuando los Reyes Católicos conquistaron el reino de Granada.
Razones de la ocupación
Las causas que motivaron la entrada de estos pueblos en la Península Ibérica son diversas:
- Disputas internas y fragmentación de la corona: La nobleza visigoda luchaba dividida en varias facciones por acceder al trono. La subida al poder del conde Don Rodrigo, gobernador de la Bética, frente a Akhila (heredero legítimo de Witiza), obligó a una parte de la nobleza descontenta a pactar con los musulmanes. Un ejemplo de estos acuerdos fue el Pacto de Teodomiro (713), que garantizaba su supervivencia.
- Interés de la comunidad judía: Los judíos buscaban recuperar sus bienes, así como el derecho al culto y a la asociación, frente a las duras persecuciones que la Iglesia católica hispanovisigoda ejercía contra ellos. La presencia musulmana se percibió como una oportunidad para mejorar su situación socioeconómica.
El contexto social y el proceso feudalizador
Por otro lado, el inicio del proceso feudalizador explica la falta de apoyo popular de una parte de la sociedad hispanovisigoda. La población había pasado del dominio romano al de una clase dirigente visigoda que buscaba su enriquecimiento personal y consolidar su posición sobre el trabajo del resto de la sociedad. Por ello, no presentaron una resistencia significativa a los nuevos ocupantes.
El desarrollo de la conquista
En abril del 711, los musulmanes asentados en el norte de África organizaron un ejército bereber y árabe que cruzó a la península tras la solicitud de ayuda de los enemigos del rey Rodrigo. Estas fuerzas, al mando de Tarik y apoyadas por Muza (gobernador de Kairuán), se enfrentaron al monarca visigodo.
En la batalla del Guadalete (o Barbate), el rey Rodrigo murió y sus fuerzas fueron derrotadas, lo que permitió que, en apenas cinco años, se consolidara el dominio del islam en la mayor parte de la Península Ibérica.