El conocimiento como acuerdo o desacuerdo entre ideas: Una respuesta a las objeciones
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Libro IV, Capítulo 4: Ensayo sobre el entendimiento humano
La objeción al conocimiento basado en ideas
Locke comienza este capítulo abordando una objeción a su tesis de que el conocimiento consiste en el acuerdo o desacuerdo entre ideas. La objeción plantea si podemos confiar en las ideas de los hombres para fundamentar un conocimiento verdadero, dado que la imaginación humana puede ser extravagante. ¿Qué diferencia existe entre las ideas de un hombre sabio y las de un visionario? Ambos tienen ideas, pero la mente con mayor imaginación parece ser la del segundo. ¿Son mejores las ideas de un fanático que las de un sabio? Además, se cuestiona si tiene sentido fundamentar el conocimiento en las ideas y no en la realidad de las cosas. Se argumenta que el conocimiento debe basarse en la realidad, no en sueños y fantasías. En resumen, la objeción concluye que si el conocimiento se basa en ideas, los pensamientos serios no tendrían más valor que los sueños de un loco.
La respuesta de Locke: el acuerdo con las cosas
Locke responde que las ideas no son meras fantasmagorías, sino que pueden estar de acuerdo con las cosas mismas. El criterio para establecer tal acuerdo se explica mediante la distinción entre ideas simples e ideas complejas. Las ideas simples, como la blancura o lo amargo, no son elucubraciones, sino productos de realidades externas que las producen en la mente. Las ideas complejas, excepto las de substancias, son arquetipos formados por la mente (modos y relaciones) y no intentan copiar nada. Su certeza y realidad se basan en el acuerdo o desacuerdo entre ellas. Estas ideas son arquetipos mentales, y las cosas son reales en la medida en que se conforman con tales ideas, como en el caso de ideas que representan un sacrilegio o un parricidio.
La realidad de las ideas complejas y las matemáticas
La existencia de ideas complejas que no copian la naturaleza no implica que sean irreales. Locke utiliza las matemáticas como ejemplo. Las verdades matemáticas son ciertas y reales, no quimeras. Un matemático considera ideas de su mente (rectángulo, círculo) que no existen como tales en la naturaleza. Su realidad reside en el acuerdo entre las ideas y las propiedades descubiertas. Así como las matemáticas tratan de cosas reales, el conocimiento moral, que trata ideas complejas de modos y relaciones (justicia, honradez), puede ser real si hay acuerdo entre sus ideas, aunque no existan en la naturaleza. Al igual que un matemático, quien reflexiona sobre la moral hace abstracción de la realidad, pero su discurso no es una quimera. Si se llega a la idea de que un asesino merece la muerte, esto será cierto para cualquier acción que se ajuste a esa idea. Locke reconoce que la confusión del lenguaje es mayor en la moral que en la matemática, lo que aumenta el riesgo de error. El origen de las discordias morales suele ser el uso de nombres equivocados, como definir la justicia de forma errónea. A diferencia de la matemática, en la moral no hay gráficos para precisar los términos, lo que agrava el problema. Sin embargo, Locke cree que si la moral se basa en ideas claras, el conocimiento moral puede descubrir verdades reales.
Las ideas complejas de substancias y su realidad
Las ideas complejas de substancias, al referirse a arquetipos externos, tienen mayor riesgo de ser menos reales. Son colecciones de ideas simples que se supone proceden de la naturaleza, a las que se les da un nombre con supuesta existencia real. Es temerario, según Locke, pensar que esa colección de ideas expresa la realidad de la substancia, ya que pueden existir otras cualidades desconocidas. A diferencia de los modos y las relaciones, donde la certeza y realidad se basan en el acuerdo entre las ideas (como sacrilegio o perjurio), las substancias son copias de algo existente, pero desconocemos su constitución real.