Conflictos Internos en la España de los Austrias Menores: Siglo XVII

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La España de los Austrias Menores: Los conflictos internos

La expulsión de los moriscos

En 1609 se decretó en España la expulsión de los moriscos de los reinos de Aragón y Valencia y de la Corona de Castilla.

  • Motivos religiosos: Se acusaba a los moriscos de seguir practicando la religión musulmana, sumado al rechazo de la población cristiana hacia ellos.
  • Seguridad nacional: Se les suponía colaboradores de la piratería turca y bereber en el Mediterráneo.

Fue necesario el despliegue de una gran fuerza militar para lograr su expulsión, que suscitó resistencias y rebeliones en todas las zonas afectadas: Castilla, Extremadura, Andalucía, Cataluña y, sobre todo, Aragón y Valencia. Los expulsados constituían una importante comunidad laboral de campesinos y artesanos.

La rebelión de Cataluña

La Unión de Armas fue un proyecto que buscaba la distribución del coste de la guerra entre todos los territorios de la monarquía, descargando así a Castilla de un peso que llevaba prácticamente en solitario.

El conflicto estalló en Cataluña en el contexto del esfuerzo requerido para la guerra contra Francia, que se había reanudado en 1635, y en un ambiente de profundo descontento, causado fundamentalmente por tres motivos:

  • Los reclutamientos forzosos de hombres para la guerra.
  • El comportamiento indisciplinado de las tropas castellanas e italianas enviadas a la frontera del Rosellón.
  • La paralización del comercio como consecuencia de la reanudación de la guerra.

Tras varios enfrentamientos entre los habitantes y las tropas castellanas, los desórdenes culminaron en el llamado Corpus de Sangre de Barcelona en 1640. En 1641, los catalanes solicitaron ayuda militar a Francia, reconocieron como conde de Barcelona al rey francés Luis XIII y mantuvieron un enfrentamiento bélico con la monarquía española.

El desengaño de los catalanes ante el carácter subordinado de su unión con Francia y el temor de las oligarquías catalanas a no controlar el descontento social generalizado propiciaron la capitulación de Barcelona, que dio paso a una solución negociada. Se indultó a los revolucionarios a cambio de ayuda en la guerra contra Francia y del reconocimiento de la intervención real en el nombramiento de ciertos cargos municipales de Barcelona.

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