La Condición Humana: Entre la Grandeza de la Libertad y la Fragilidad del Ser

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¿El hombre: dignidad o miseria?

En Pico della Mirandola se encuentra este famoso pasaje: “El Supremo Artesano hizo del hombre, la hechura de una forma indefinida, y, colocado en el centro del mundo le habló de esta manera: No te dimos ningún puesto fijo, ni una faz propia, ni un oficio particular, ¡Oh Adam!, para que el puesto, la imagen y los empleos que desees para ti, esos los tengas y poseas por tu propia decisión y elección. Para los demás, una naturaleza contraída dentro de ciertas leyes que le hemos prescrito… te coloqué en el centro del mundo para que volvieras más cómodamente tu vista a tu alrededor y miraras todo lo que hay en ese mundo. Ni celeste ni terrestre te hicimos, ni mortal ni inmortal, para que propiamente tú, como modelador y escultor de ti mismo, te forjes la forma que prefieras de ti. Podrás degenerar al inferior con los brutos; podrás realzarte a la par de las cosas divinas por tu misma decisión… La que cada cual cultivare, aquello florecerá y dará su fruto dentro de él”.

En Nietzsche encontramos la miseria del hombre: “El hombre es el animal enfermo, pues está más enfermo, es más inseguro, alterable e indeterminado que ningún otro animal, no hay duda de ello, él es el animal enfermo: ¿De dónde procede esto? Es verdad que él también ha osado, desafiado, afrontado el destino más que todos los demás animales juntos: él, el gran experimentador con signo mismo, el insatisfecho e insaciado, el que disputa el dominio último a los animales, naturaleza y dioses; él, el siempre invicto todavía, el eternamente futuro, el que no encuentra ya reposo alguno en su propia fuerza acosante, de modo que su futuro le roe implacablemente, como un aguijón en la carne de todo presente: ¿Cómo este valiente y rico animal no iba a ser también el más expuesto al peligro, el más duradero y hondamente enfermo entre todos los animales enfermos?”

Conclusiones: Misterio y Enigma

Gabriel Marcel decía que los problemas se pueden plantear e incluso resolver porque uno se puede distanciar de ellos suficientemente. Lo propio del misterio es que nos envuelve por todas partes de tal modo que nos hallamos sumergidos en él. Quizás el hombre es un misterio para el hombre, un enigma indescifrable, precisamente porque está demasiado cerca, porque está dentro de él. Sería una de esas cuestiones que es mejor no plantear. Pero, ¿podemos renunciar a lo que somos? El griego Heráclito afirmó: “Me he buscado a mí mismo”; y Sócrates: “Conócete a ti mismo”.

Principales dificultades del misterio del hombre

  1. En primer lugar, el hombre es un ser muy individualizado. Las plantas e incluso los animales son prácticamente intercambiables entre sí, parece que lo que existe es propiamente la especie. En el caso del hombre, no es así: no parece existir el hombre, sino únicamente hombres, esto es, cada uno es especial e irremplazable.
  2. El animal, cuando nace, ya está biológicamente determinado. No así el hombre, que, como dice el antropólogo alemán Gehlen, es un ser de carencia, es decir, un animal incompleto, no terminado. Por eso, el hombre tiene que hacerse a sí mismo, supliendo sus propias deficiencias y su adaptación al medio. Por eso, si queremos hablar sobre el hombre, tenemos que recurrir a su historia (si hablamos del hombre en general) o a su biografía (si hablamos de uno en particular).
  3. El hombre, por fin, es algo demasiado rico para que pueda ser encerrado en una sola idea. Cambia y se transforma continuamente: posee infinitas facetas, infinitos aspectos que resultan inagotables. Y estos aspectos parecen contradecirse entre sí, de ahí que cada idea de hombre pueda oponerse a una idea contraria.

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