El Concilio Vaticano II: Historia, Misión y Transformación de la Iglesia

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1. El Concilio Vaticano II en la serie de los concilios

Los apóstoles fueron enviados a anunciar la presencia y la salvación de Cristo y nombraron a sus sucesores, los Obispos, encargados de vigilar y guardar la fe de la comunidad cristiana. Su misión es la de mantener a la Iglesia en la fidelidad del Señor, siendo:

  • Profetas: predicar la palabra de Dios y anunciar que el Reino de Dios está cerca.
  • Sacerdotes: celebrar que Dios ha santificado su vida por el Pueblo, es decir, el Misterio Pascual predicado.
  • Testimonio: la vida de Cristo anunciada y recibida sacramentalmente ha de conllevar hábitos que trasluzcan la novedad de la resurrección: hábitos de fe, esperanza y caridad.

Esta triple función es la que nos descubre la persona de Jesucristo a través de los sacramentos, proyectándonos la triple misión de la Iglesia: ENSEÑAR, SANTIFICAR y GOBERNAR.

¿Qué es un Concilio?

El Concilio es una reunión de Obispos y otros eclesiásticos para tratar temas importantes relacionados con la fe, la moral y la liturgia. El Concilio es Ecuménico, es decir, participan en él todos los obispos de un mismo lugar y cuyas decisiones afectan a todo el mundo. Todos los Concilios tienen como objetivo asegurar a lo largo de la historia la rectitud de la Fe.

Existen una serie de doctrinas que generan diferencias en la Iglesia; los Obispos son los encargados de reunirse para tratarlas y explicar lo acordado en su comunidad respectiva. El Concilio Vaticano II se inserta en una larga serie de concilios, los cuales se encuentran agrupados en función de los lugares en los que se han realizado: Oriente y Occidente, pues tienen un modo diferente de entender la vida y en ellos existen problemas muy distintos.

La tarea conciliar en Oriente

La tarea conciliar de Oriente se centró en la unidad de la persona de Jesucristo y el misterio de sus dos naturalezas: Dios y Hombre, por su Encarnación. A pesar de ello, existen una serie de personas como Arrio, que negaba la divinidad de Jesucristo, afirmando que solamente había sido el elegido para transmitir la palabra de Dios. Los arrianos planteaban la misma dificultad contra el Espíritu Santo, estableciéndolo únicamente como una criatura. Nestorio mostraba el planteamiento de los anteriores, defendiendo que María era la Madre de Cristo sin que ello supusiese ser también la Madre de Dios. Por otro lado, Eutiquio afirmaba de tal modo la divinidad de Jesucristo que terminaba negando su propia humanidad.

La tarea conciliar en Occidente

La tarea conciliar de Occidente se centra en la relación de Cristo con nosotros, es decir, en el misterio de la gracia y de la Iglesia al servicio de Cristo. En este apartado, cabe mencionar la crisis pelagiana y el misterio de la gracia, que ponen en juego la relación de libertad y gracia. Pelagio afirmaba que el hombre podía cumplir con aquello que Dios decía sin ninguna ayuda extra, es decir, sin ayuda de la Gracia de Dios y que estaba exclusivamente en nuestras manos. Por otra parte, el Donatismo pone en duda el misterio de la Iglesia negando la validez de los sacramentos administrados por pecadores.

El Concilio Vaticano II: Una reforma necesaria

El Concilio Vaticano II (1962-1965) fue un concilio diferente, pues no fue convocado para solucionar o hablar sobre las doctrinas, sino que se necesitaba hacer una reforma. Venían de una época en la que el Papa llevaba en el cargo muchos años y todo estaba muy asentado y controlado. A la muerte de Pío XII, la Iglesia sintió la necesidad de reformar algunos aspectos y estos cambios se fueron produciendo poco a poco. La mejor forma de llevar a cabo esta transición era la elección de un Papa que todos aceptasen y que no se fuese a asentar en el Obispado, por lo que se buscó a una persona mayor del Colegio de Cardenales.

Proclamaron Papa a Juan XXIII, y este convocó un Concilio, porque según él la Iglesia tenía la necesidad de decirle al mundo quién es Cristo para la Iglesia y a la vez dar a conocer la misión de esta. Por lo que es un Concilio para la Iglesia y para el mundo, no es un Concilio en contra, ya que lo que pretende el Papa es una descentralización: pasar de una estructura piramidal, donde existe una jerarquía y tienen autoridad sobre los fieles, a una estructura comunitaria. Este Concilio provocó muchos cambios dentro de la Iglesia.

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