Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis Freudiano y la Estructura de la Psique

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Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis

b) Transferencia

Este término se refiere al fenómeno en el que el paciente, durante las largas e íntimas relaciones personales en las que se exploran y excitan sus emociones, contrae un fuerte vínculo afectivo con el analista. Este vínculo puede manifestarse como un enamoramiento franco y sin rodeos, o bien mediante una actitud negativa u hostil, la cual Freud considera simplemente el reverso del enamoramiento.

La transferencia constituyó para Freud una nueva prueba de la naturaleza sexual de los trastornos del paciente; significó que la emoción removida por el análisis se había adherido al analista. A su entender, la transferencia era un elemento necesario en el proceso, integrándose como uno de los aspectos distintivos del psicoanálisis genuino. Sin embargo, aunque es indispensable, se trata de un estado temporal. Es tarea del analista experto desviar de sí esa emoción y reconducirla por cauces apropiados, susceptibles de producir la curación del paciente.

c) Catarsis

Se define como la liberación de la emoción reprimida.

d) Represión

La teoría de la represión sostiene que una experiencia desagradable pero olvidada —ya sea un recuerdo o un deseo— se vuelve inconsciente no solo porque caduca o se desliza pasivamente fuera de la conciencia, sino porque es expulsada de ella y mantenida aparte por la violencia.

La experiencia reprimida no es una idea o un recuerdo en el sentido corriente del término; está cargada de emoción y deseos. Dado que el deseo es esencialmente impulsivo y tiende fuertemente a la expresión manifiesta, el contenido reprimido no es, de ningún modo, inerte. El Yo consciente no puede anularlo ni paralizarlo, solo puede mantenerlo en lo inconsciente. Freud afirma que la teoría de la represión es el pilar fundamental sobre el cual descansa el psicoanálisis.

e) Ello

Es uno de los niveles de la psiquis humana y, probablemente, el menos revolucionario en términos conceptuales, ya que corresponde con bastante precisión a la antigua noción de lo inconsciente. Es la parte más primitiva de la personalidad: profundo, oscuro, inconsciente y poderoso.

Sus características principales incluyen:

  • Impulsos sexuales instintivos: Constituyen su principal componente.
  • Tendencias ignoradas: Incluye inclinaciones que el individuo desconoce de sí mismo.
  • Naturaleza amoral: Es acultural, imperioso y temerario.
  • Principio del placer: Busca solo satisfacciones momentáneas y exige su cumplimiento de forma pertinaz y ciega.

f) Yo

El Yo se desarrolla a partir del Ello en virtud del contacto con la realidad, constituyéndose como el mediador entre el Ello y el mundo exterior. El Yo conoce la realidad de una forma que el Ello ignora; percibe allí donde el Ello solo anhela ciegamente.

La percepción, junto con la capacidad de manipular el medio, es la actividad característica del Yo. Esta instancia controla al Ello, oponiéndose a menudo firmemente a sus exigencias o ingeniándoselas para procurarle satisfacciones de manera estratégica. En estas actividades, el Yo resulta ser, en cierto modo, un oportunista y un diplomático.

g) Superyó (Super-yo)

Representa una de las concepciones más notables del modelo freudiano. La mejor manera de describir al Superyó es como una instancia infantil, oculta, sumamente inconsciente y poderosa. Se forma cuando el niño, en sus primeros contactos con el mundo circundante, incorpora las prohibiciones paternas como una parte de sí mismo.

Se ha descrito al Superyó como el heredero del complejo de Edipo. Sus fundamentos son:

  • Autodisciplina: Se origina en el intento infantil de fortalecerse contra los actos prohibidos mediante la internalización de las normas parentales.
  • Moralidad emocional: Se organiza en torno al "debes" y "no debes", derivados de situaciones educativas de la niñez cargadas de un valor emocional confuso.

Precisamente por su intensidad emocional, el Superyó está más cerca del Ello que del Yo. No obstante, desde muy temprano adquiere poder sobre el Yo y le administra castigos por infracciones a su código, siendo capaz de una severidad próxima a la crueldad. Cuando el Yo desobedece el código impuesto, la condena se manifiesta como remordimiento y pesar de la conciencia, situación que acrecienta enormemente las posibilidades de conflicto interno.

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