La Concepción del Universo: De los Filósofos Griegos a la Edad Media

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El afán de conocer el universo

Al hablar de universo, nos referimos a toda la materia como si fuera un objeto único: el mundo. Sin embargo, mundo podría significar el medio humano o el universo más próximo. Universo también podría entenderse como cosmos: la totalidad de astros organizados y regidos por leyes. Los astros serían cada uno de los elementos de esa totalidad.

La pregunta por la naturaleza

El ser humano trata de conocer la realidad que le rodea, pero la pregunta por la naturaleza es compleja y provoca muchas preguntas y diversas respuestas. Históricamente, se ha abordado a través de dos vías:

  • Por medio del mito: explicaciones poéticas, imaginativas y mágicas (dioses).
  • A través del saber razonado: explicación mediante causas de la misma naturaleza.

A los filósofos griegos, principales representantes de este saber razonado, esta búsqueda les llevó a plantearse:

  • La existencia de un principio elemental (origen de todo, arjé) que forma parte de todos los seres de la naturaleza (physis).
  • La organización de la naturaleza en parejas de elementos contrarios.
  • La relación entre el incesante cambio, que nos afecta a todos, y la existencia de una realidad permanente.
  • La necesidad de una razón universal (logos) que explique el orden existente en el universo (cosmos).

Para los griegos, conocer la naturaleza es descubrir lo que es, encontrar las leyes a las que está sometida por su carácter natural, lo que hay en ella de común y permanente.

Los primeros sistemas cosmológicos

Pitágoras (570-480 a. C.)

Consideró que la Tierra (como el Sol y los demás planetas) era esférica, símbolo de perfección. Dado que el 10 era el número perfecto, debía de haber 10 cuerpos celestes (postuló la existencia de una "anti-Tierra" para completar el número).

Aristóteles (384-322 a. C.)

Trató de sintetizar los conocimientos de su época. Su idea se basaba en que todos los cuerpos tienden a ocupar su lugar natural en el mundo físico, el cual estaba dividido en dos espacios: el mundo sublunar y el mundo celeste.

Mundo sublunar

Compuesto por los cuatro elementos clásicos (tierra, agua, aire y fuego), corresponde a la Tierra, que se sitúa en el centro del sistema. Todos los cuerpos en esta región están sujetos a cambios y limitados al movimiento rectilíneo.

Mundo celeste

Compuesto por el quinto elemento (el éter), es inalterable. Sus cuerpos celestes se mueven con un movimiento circular y perfecto.

Los astros giraban alrededor de la Tierra. Debía existir un "último cielo", un primer motor, que pone y mantiene en movimiento a las demás esferas. El universo era concebido como único, eterno, perfecto y, por tanto, finito.

Aristarco de Samos (310-230 a. C.)

Propuso una idea del universo precursora de modelos posteriores. Estudiando las fases de la Luna y los eclipses, calculó el tamaño del Sol y de la Luna, así como sus distancias a la Tierra. Defendió una concepción heliocéntrica: el Sol permanecía inmóvil mientras que la Tierra y los demás planetas giraban a su alrededor en circunferencias.

Claudio Ptolomeo (100-170 d. C.)

Fue la figura principal de esta época. En su obra, el Almagesto, quiso explicar los movimientos aparentemente irregulares de los planetas. El sistema que propuso sostenía que los planetas giraban alrededor de la Tierra y también alrededor de otro punto imaginario. Además, la Tierra giraba alrededor de su eje.

La astronomía y la cosmología en la Edad Media

La decadencia de Atenas y Alejandría supuso un declive de la cultura clásica. La desarticulación del Imperio Romano desestabilizó el orden social, político y económico, y el influjo de las religiones se hizo mayor. Todo esto llevó a la paralización del saber en todas sus vertientes.

La astronomía no podía avanzar sin instrumentos más precisos y las matemáticas no podían servir de apoyo sin otro tipo de notación. El cristianismo obstaculizó el saber científico por considerarlo, en ocasiones, contradictorio con su religión, pero fueron los monasterios quienes recopilaron, conservaron y propagaron la cultura antigua. Así mismo, esta labor de conservación fue realizada también por los árabes y los judíos. Aunque en la Edad Media no hubo grandes avances, fue fundamental para conservar y transmitir la cultura clásica.

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