La Compuerta Número 12: El drama del trabajo infantil en la minería

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La compuerta n.º 12: Un relato sobre la crudeza minera

Un viejo lleva a su hijo a trabajar a la mina y, luego de bajar, se lo presenta al capataz. El chico tan solo tenía ocho años, pero ya cargaba sobre sí el karma de la mina. Al ver al débil muchacho, el capataz le comenta a su padre por qué mejor no lo deja seguir en la escuela, argumentando que es lo mejor para él. Su padre le responde que en casa son seis personas y que solo él trabaja; por ende, necesitaban el ingreso del niño, por menguado que este fuera.

El destino en la compuerta 12

Ante esa explicación, al capataz no le queda más que acompañar al viejo y a su hijo a la compuerta 12, donde el día anterior había sido aplastado por la «corrida» el niño que allí trabajaba.

La dura realidad del trabajo infantil

El trabajo del niño consistía en abrir una compuerta cada vez que debían pasar los caballos tirando los carros con carbón. Esa era la llamada «corrida». Había que ser muy hábil y ágil para que los caballos, que pasaban a gran velocidad, no lo pisaran. Él aún no lograba entender bien por qué su padre lo arrancaba del calor del hogar para tirarlo a la fría mina, y más aún a un trabajo tan peligroso.

En eso estaba divagando cuando escuchó una voz que gritaba: «¡Abran la compuerta, viene la corrida!». Era el momento de demostrar que él ya era, pese a sus años, un minero experto. Con sus escasas fuerzas, abrió la compuerta dejando pasar una tirada de caballos jadeantes para luego cerrarla con fuerza, demostrando así a su padre que, pese a sus años escasos y su menguado físico, podría desempeñar el trabajo.

El abandono y la desesperación

Su padre, henchido el pecho de orgullo, hizo el intento de partir a sus labores propias, más ahora que el capataz le había reclamado que no estaba cumpliendo la meta mínima y que su propio puesto corría riesgo. Pero su hijo se aferró a él en un desesperado intento de retenerlo.

  • El padre sacó una cuerda.
  • Ató al pequeño a un fierro que mostraba señales de haber sido usado para los mismos fines con anterioridad.
  • El pequeño fue atado de la cintura.
  • Su padre agachó la cabeza y partió al fondo de la mina a sus labores.

El pequeño niño, con su cabeza bullendo de pensamientos dolorosos, no pudo más que gritar al ver que era dejado solo a su suerte en esa compuerta que le robaría sus mejores años.

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