Comparativa de Teorías del Contrato Social: Hobbes y Rousseau

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Comparativa de las Doctrinas del Contrato Social: Hobbes versus Rousseau

A continuación, se describen las principales coincidencias y diferencias entre el contractualismo de **Thomas Hobbes** y el de **Jean-Jacques Rousseau**.

El Contractualismo según Thomas Hobbes

En el contractualismo de **Hobbes**, se sostiene que antes de la existencia de la sociedad política, la situación era una guerra de todos contra todos para conseguir el dominio de otros. El hombre natural es, para Hobbes, un «lobo para el hombre».

La Razón y el Pacto Originario

  • La razón enseña a los humanos que una situación de guerra permanente implica más temores que esperanzas, ya que morir es un resultado más probable que dominar.
  • Para evitar la muerte, es necesario sustituir la guerra por la paz, y es así como el humano llega a un acuerdo (pacto originario de la sociedad) regido por diferentes principios (contratos) que deben cumplirse.

Renuncia y Soberanía en Hobbes

En el contrato de Hobbes, los súbditos renuncian a todos sus derechos y libertades en favor del soberano, quien debe ser obedecido mientras mantenga la paz. Los seres humanos renuncian a su libertad natural para obtener un contrato social porque entienden que la vida en el estado de naturaleza es insegura y llena de guerras por conseguir el poder.

Para Hobbes, hay que establecer un contrato en el que los hombres transfieren todos sus derechos y su poder a un soberano absoluto que podrá utilizar todos los medios a su alcance para que el pacto sea cumplido. El fundamento de la seguridad de la sociedad es la coacción.

El fin principal del contrato de Hobbes es evitar la anarquía, pero el resultado es el despotismo. La idea de Hobbes es que la peor de las dictaduras sería en cualquier caso mejor para el hombre que el estado de guerra de todos contra todos, suponiendo una sociedad sin gobierno, sin pactos.

El Contractualismo según Jean-Jacques Rousseau

El Hombre Natural en Rousseau

Rousseau obtiene su concepto de naturaleza humana con la sustracción de lo que considera que el ser humano es cultural y adquirido, producto de la educación. El hombre natural es lo último que queda de la animalidad pura. El hombre natural se rige por los sentimientos irreflexivos de la conservación (amor de sí) y la piedad; no posee herramientas ni lenguaje articulado. El prójimo es a veces un rival, pero poco temible.

La Propiedad Privada y la Guerra

Para Rousseau, en el momento en que aparece la propiedad privada, aparecen las desigualdades. Es ahora, y no en el estado de naturaleza, cuando el hombre se encuentra inmerso en esa guerra de todos contra todos; es ahí cuando aquel «buen salvaje» de Rousseau se convierte en el «lobo egoísta» de Hobbes. Ahora se hace necesario para la supervivencia un contrato entre los hombres.

El Contrato Social de Rousseau

Para Rousseau, lo ideal sería poder regresar al estado idílico de naturaleza, pero es imposible. Todo lo que se puede hacer es intentar que el estado civil sea el mejor de los posibles. Rousseau propone sentar las bases teóricas de un gobierno en el que se respeten la libertad e igualdad naturales lo que se pueda, teniendo en cuenta cómo son los hombres y cómo pueden ser las leyes.

El fin principal del pacto no debe ser evitar la guerra, sino la consecución del Bien Común, y una de las premisas del contrato es que nadie debe renunciar a su libertad.

Diferencia Clave en la Cesión de Derechos

Para que esa libertad esté asegurada, la forma del pacto debe ser completamente distinta a la de **Hobbes**, en que los hombres renunciaban a todos sus derechos excepto al de supervivencia, y los otorgaban a un soberano absoluto no sometido al pacto.

En el contrato ideal de **Rousseau**, todos y cada uno ponen en común su persona y su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general. Poner en común el poder de cada uno, y no alienarlo en otro, garantiza que los hombres no pierdan sus derechos y libertades, pero, al estar en manos de todos, nadie podrá hacer uso de la fuerza si no es de acuerdo con los demás.


Doctrina del Consentimiento Tácito de Locke y Críticas

¿En qué consiste la doctrina del consentimiento tácito de Locke?

La expresión «consentimiento tácito» es en realidad una contradicción en los términos, porque consentir exige un acto expreso, y tácito (callado, silencioso) se refiere precisamente a esa ausencia de expresión. El problema de la legitimidad del Estado se resuelve en las teorías del pacto social al suponer y afirmar que hay un consentimiento expreso de las partes que suscriben el contrato.

Pero, a partir de ese momento, ¿en virtud de qué los ciudadanos están obligados a cumplir el contrato? El modelo de Locke es una democracia liberal en la que los ciudadanos expresan mediante su voto el consentimiento, pero ¿expresan el consentimiento todos los ciudadanos y en relación con las normas? Y si no han sido consultados ¿están obligados a cumplir la ley?

Para resolver esta cuestión, Locke recurre y se apoya en la doctrina del consentimiento tácito. Locke cree que el hombre que tenga alguna posesión o usufructo o parte de los dominios de un gobierno, da por sí mismo su consentimiento tácito, y está obligado a obedecer las leyes de ese gobierno mientras tenga la posesión, como los demás. Puede ser una posesión de tierra por herencia o de un albergue al que vas de vacaciones, porque alcanza a la existencia de cualquiera dentro de los territorios de ese gobierno.

¿Cuál es la principal crítica que podemos hacer a dicha doctrina?

La crítica principal radica en la naturaleza contradictoria del término, ya que el consentimiento genuino requiere una manifestación explícita, no implícita o silenciosa, para legitimar la obligación política.

Origen de la Monarquía según Locke

Para Locke, el origen de la monarquía absoluta no está en pacto alguno, sino que puede que en un pasado una pequeña comunidad confió tácitamente el poder a una persona que lo ejercía con rectitud y sabiduría, y sin adoptar precaución alguna.

Con el tiempo, dieron carácter sagrado a esa costumbre, y el pueblo, en manos de sucesores de una distinta calaña a la de aquellos primeros gobernantes sabios y rectos, se dio cuenta de que sus propiedades no estaban seguras.

Crítica a la Monarquía Absoluta

Locke dice con ironía que la monarquía absoluta no puede ser resultado de un pacto (como el que supone Hobbes), porque nadie pactaría algo tan absurdo que le dejara inerme frente al inmenso poder de un individuo impune y rodeado de aduladores.

Locke considera que el único gobierno legítimo es el que resulta del consentimiento de los individuos con la finalidad de contar con una autoridad común a la que apelar en caso de disputa en la defensa de los derechos naturales.

Y como en las monarquías absolutas, aunque existen jueces para ayudar con las disputas entre los súbditos, no se puede reclamar contra el monarca. Frente al monarca, cualquier súbdito se halla igual que en el estado de naturaleza. Locke afirma que incluso la situación es peor que la del estado de naturaleza, porque al menos en este cada cual contaba con sus propias fuerzas para defender su derecho, y en una monarquía absoluta, los súbditos son privados de su poder, que ahora tiene el monarca, a quien se considera impune.

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