El Cogito Cartesiano: Fundamento Epistemológico y Metafísico
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El cogito es la primera verdad en el orden del conocimiento, por consiguiente, es el principio epistemológico y metafísico, pues es la primera realidad de la que estamos seguros: la sustancia pensante. Es la primera verdad en dos sentidos: por un lado, porque llegamos a ella a través de la duda, y en segundo lugar, porque a partir de ella podemos fundamentar todas las demás. Para Descartes, el resto de verdades, lo que sea el ser y la realidad, se tienen que deducir partiendo del pensamiento.
Pero Descartes no llega al cogito mediante una argumentación o demostración; por ejemplo: todo lo que piensa existe, yo pienso, por consiguiente, existo. El anterior argumento no valdría porque la duda metódica pone entre paréntesis el valor de nuestros razonamientos mediante la hipótesis del Genio Maligno. Por tanto, el cogito, “*ergo sum*”, es una intuición.
Pero no sólo el cogito es indudable, sino que todo acto mental en cuanto contenido también es indudable; por lo que también vale decir, recuerdo, imagino, deseo, sufro, luego existo. El cogito señala que la mente es un ámbito privilegiado para la verdad, pues de los estados mentales propios (por ejemplo, un dolor) no cabe duda, pero sí de los estados mentales de otros (no puedo percibir el dolor ajeno, sino sólo que se queja o grita). Esta primera verdad ya fue anticipada por San Agustín con su “si me equivoco, existo”; pero en San Agustín tenía un sentido teológico para hallar en el alma la trascendencia de Dios. En cambio, Descartes propone el sujeto como principio de la modernidad. El cogito se va a convertir en criterio de verdad y certeza, pues el principio se acepta porque se percibe con claridad y distinción; es decir, de un modo evidente. Así que lo que perciba de igual modo lo aceptaré como verdadero.
Pero el cogito es sólo una naturaleza que consiste en pensar, no es nada corporal ni psicológico, sino el ego trascendental que subyace a mis pensamientos. Aunque Descartes no acaba distinguiendo con precisión este yo puro del sujeto empírico, psicológico y particular. Mi cuerpo sería tan dudable como el resto del mundo porque es algo externo y, por consiguiente, dudable. Descartes distingue entre *res cogitans* y *res extensa* para establecer a ésta última como el mundo mecánico y determinado que va a explicar la físico matemática. Pero el cogito es el ámbito de la libertad, una realidad no mecánica ni determinada que necesitará de otras explicaciones. Sabemos que el cogito se constituye en criterio de verdad, pues lo aceptamos por su claridad y distinción. Por tanto, se convertirá en una regla general que todas las cosas que percibo muy clara y distintamente son verdaderas. Pero este criterio sólo tiene una total garantía cuando se demuestra la existencia de Dios y su bondad. Descartes parece caer en un círculo vicioso: podemos llegar a la demostración de la existencia de Dios si vemos con claridad y distinción que cada uno de los pasos seguidos en la argumentación es verdadero; pero a su vez, la claridad y distinción como criterio de verdad para conocimientos que no son los del cogito sólo queda suficientemente justificada si demostramos que Dios existe.