Claves estéticas y narrativas del Barroco literario
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Estructuras y simbolismo en la literatura barroca
En la literatura se utilizan las estructuras marco, que permiten una profundización en el texto. Esto ocurre, por ejemplo, en la novela corta del siglo XVII, donde dentro de un plano narrativo existe otro plano. En el teatro, este efecto se consigue con la abundancia de apartes: una comunicación privada entre un personaje y los espectadores, donde el actor se dirige al público e interactúa con él.
Esta complejidad se manifiesta en el tema de las ruinas, resultado de la ruptura de las formas clásicas. Por ejemplo, en el poema de Rodrigo Caro dedicado a las ruinas de Itálica, estas se presentan como símbolo de la destrucción del tiempo y la falta de perduración de las cosas. Asimismo, don Francisco de Borja escribió un soneto sobre las ruinas de Sevilla la Vieja, cuestionando: “Si el tiempo ha roto los mármoles de Itálica, ¿qué va a pasar con la hermosa joven?”.
Composición y desplazamiento del tema
A diferencia de la estructura renacentista, basada en la simetría, el Barroco apuesta por la composición asimétrica. En la literatura barroca, el tema principal se desplaza y deja de ocupar el primer plano, situándose en un lugar oculto. A menudo, el núcleo del mensaje se encuentra en el título, en el desenlace o permanece velado, de forma similar a las pinturas de la Adoración de los Reyes Magos, donde el espectador debe buscar al niño Jesús con detenimiento.
2.3. Lo limitado frente a lo inaprensible
Si el Renacimiento es un periodo donde todo está cerrado y ordenado, en el Barroco encontramos elementos que ocultan los temas principales, generando una sensación de ilimitación que se prolonga más allá de lo visible. Este fenómeno se manifiesta a través de:
- La cortina: Oculta parte del espacio. En pintura, crea un misterio sobre lo que sucede detrás, generando inquietud. En el teatro, es fundamental para que los personajes se oculten, permitiendo escenas a medias o tergiversadas que fomentan el enredo.
- El velo: Puede ocultar físicamente a los personajes, facilitando el engaño. En El mágico prodigioso de Calderón de la Barca, el mago Cipriano, enamorado de la cristiana Justina, pacta con el diablo para obtener su amor; sin embargo, al estar ella protegida por su fe, el diablo resulta ineficaz.
2.4. Otras oposiciones estéticas
2.4.1. Exceso de personajes
Este rasgo es común en la picaresca, pero se observa con mayor claridad en Los sueños de Quevedo. Al representar el Juicio Final, se despliega una literatura masiva donde los personajes realizan una función colectiva; se satiriza a gremios enteros, como sastres o médicos, en lugar de a individuos concretos.
2.4.2. Reposo frente a movimiento
Mientras que los personajes renacentistas suelen presentarse en reposo, los autores barrocos intentan captar el movimiento y el instante, deteniendo el tiempo en un empeño complejo y a menudo inalcanzable.
2.4.3. Análisis frente a síntesis
El Renacimiento se define por la armonía, la proporción y una visión analítica. Por el contrario, el Barroco se inclina hacia la oscuridad y la imprecisión, una dualidad visible en la música: desde los coros unísonos renacentistas hasta la complejidad de la ópera barroca.
2.4.4. Claridad frente a oscuridad
La poesía renacentista es transparente, mientras que la barroca exige un esfuerzo interpretativo. La visión de Nietzsche sobre la evolución del arte se asemeja a un movimiento pendular entre lo apolíneo (equilibrio y proporción) y lo dionisíaco (desequilibrio y pasión):
| Apolíneo | Dionisíaco |
|---|---|
| Grecorromano | Edad Media |
| Renacimiento | Barroco |
| Neoclasicismo | Romanticismo |
| Naturalismo | Realismo |