Clases populares en la España del siglo XIX: artesanos, campesinos y proletariado
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Resumen
El texto describe la situación de las clases populares españolas del siglo XIX: el peso del artesanado y los grupos urbanos, la evolución del campesinado tras la reforma agraria liberal y la aparición del proletariado industrial. Permite entender las diferencias regionales, las condiciones de vida y de trabajo y las causas de la emigración rural.
Puntos clave
- El censo de 1860 registró unas 666.000 personas en oficios artesanales y unas 556.000 ayudantes o aprendices.
- La reforma agraria liberal concentró la propiedad de la tierra y aumentó el número de campesinos sin tierras y de latifundios.
- En 1860 existían unos 2,6 millones de jornaleros; la situación del campesinado pobre apenas mejoró entre 1830 y 1870.
- En Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura los antiguos señores conservaron sus tierras; en Cataluña y Valencia muchos arrendatarios enfitéuticos accedieron a la propiedad.
- El analfabetismo se concentraba sobre todo en la población campesina (68%).
- Los obreros industriales cobraban salarios escasos, trabajaban de 12 a 14 horas durante 6 días a la semana, y las mujeres y los niños a partir de los siete años percibían salarios inferiores a los de los hombres.
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Las Clases Populares en la España del Siglo XIX
Artesanos y Grupos Urbanos
La pervivencia del mundo artesano y tradicional continuó siendo muy importante en la España del siglo XIX. Tanto en las zonas rurales como en las ciudades se mantenía un fuerte sector artesanal. El censo de 1860 agrupaba a cerca de 666.000 individuos en oficios artesanales y otras 556.000 personas más trabajaban como ayudantes o aprendices. El crecimiento urbano y la nueva estructura del Estado liberal comportaron la concentración en las ciudades de una serie de servicios: pequeños funcionarios, empleados de banca, dependientes de comercio, etc. Eran asalariados. Entre las clases más humildes, predominaban las mujeres empleadas en el trabajo doméstico, seguidas de los mozos de comercio y de los pequeños vendedores autónomos.
La Evolución del Campesinado
La reforma agraria liberal concentró la propiedad de la tierra aún más que durante el Antiguo Régimen. Aumentó la figura del campesino sin tierras, los contratos de explotación a corto plazo y el latifundio. En 1860 existían unos 2,6 millones de jornaleros y, a finales del siglo, la situación del campesinado pobre no había mejorado. En la España del siglo XIX existían grandes diferencias regionales. En Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura, los antiguos señores conservaron sus tierras. En cambio, en Cataluña y Valencia, muchos arrendatarios enfitéuticos accedieron a la propiedad.
Teniendo en cuenta el nivel de vida, en el campo era difícil distinguir entre el pequeño propietario de tierra, el arrendatario sometido a la nueva situación de libertad de mercado, el criado empleado en una explotación agraria o el jornalero sin tierras. La mayoría de los campesinos vieron frustradas sus aspiraciones de que el proceso de reforma liberal les permitiese el acceso a la propiedad y el "hambre de tierras" se mantuvo en gran parte de la España agraria. En esa población campesina recaía el mayor peso del analfabetismo (68%). La situación del campesinado mejoró poco entre 1830 y 1870. Las difíciles condiciones de vida en el campo y el aumento de la conflictividad social dieron lugar a la emigración hacia las ciudades.
La Aparición del Proletariado
La aparición de la industria moderna llevó a una organización del trabajo diferente a la del antiguo sistema, que se caracterizó por la utilización de mano de obra asalariada. El número de obreros era todavía muy reducido en la España de la primera mitad del siglo XIX. Con el avance del siglo, los obreros aumentaron en Asturias y País Vasco. Las reglas que regulaban este nuevo tipo de trabajo eran en todas partes muy similares. El *patrón*, propietario de un establecimiento industrial, empleaba a los obreros a cambio de un salario escaso. Las mujeres y los niños a partir de los siete años también trabajaban en las fábricas y cobraban salarios muy inferiores a los de los hombres. La jornada laboral era de 12 a 14 horas durante 6 días a la semana. Los salarios de los obreros apenas daban para comer.
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencias regionales existieron en la propiedad de la tierra en el siglo XIX?
En Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura los antiguos señores conservaron sus tierras. En cambio, en Cataluña y Valencia muchos arrendatarios enfitéuticos accedieron a la propiedad.
¿Cuál era la jornada laboral de los obreros industriales?
Era de 12 a 14 horas durante 6 días a la semana. Los salarios apenas permitían cubrir las necesidades básicas.
¿Por qué emigraron los campesinos a las ciudades?
Las difíciles condiciones de vida en el campo y el aumento de la conflictividad social dieron lugar a la emigración hacia las ciudades.
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