Las Dos Ciudades de San Agustín: Concepción Cristiana de la Historia y el Estado

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(SOCIEDAD) Agustín expone sus reflexiones en “La Ciudad de Dios”, obra escrita tras la caída de Roma en manos de Alarico y de la desmembración del imperio romano, para defender el cristianismo. Los paganos culparon a los cristianos del desastre, diciendo que el abandono de los dioses tradicionales fue la causa de la pérdida del poder de Roma y de su destrucción.

La Concepción Cristiana de la Historia

La obra presenta una reflexión sobre la historia desde el punto de vista cristiano: la historia humana es la historia de la redención de los hombres por Dios; es una historia de salvación.

Estructura Temporal de la Historia

El nacimiento de Cristo marca los tres tiempos históricos:

  • El pasado (antes de Cristo).
  • El presente (en Cristo).
  • El futuro (después de Cristo) y hasta el final de los tiempos, cuando llegue el Reino de Dios y el final de la historia.

La historia y el tiempo son como una línea que progresa desde la Creación a la llegada del Reino de Dios, lo que supone una concepción lineal del tiempo e historia, frente a la concepción de los griegos.

La Lucha de las Dos Ciudades

En la obra, Agustín parte de la concepción de la historia como el resultado de la lucha de dos ciudades: la del Bien y la del Mal, la de Dios y la terrenal, la de la luz y la de las tinieblas.

La Ciudad de Dios la componen cuantos siguen su palabra, los creyentes; la terrenal, los que no creen. Esa lucha continuará hasta el final de los tiempos, en que la Ciudad de Dios triunfará sobre la terrenal, apoyándose San Agustín en los textos sagrados del Apocalipsis para defender su postura.

Relación entre Sociedad, Estado e Iglesia

San Agustín aceptará que la sociedad es necesaria al individuo, aunque no sea un bien perfecto; sus instituciones, como la familia, se derivan de la naturaleza humana, siguiendo la teoría de la sociabilidad natural de Aristóteles, y el poder de los gobernantes procede directamente de Dios.

Justicia y Poder Político

Defiende que solo en un Estado cristiano puede haber verdadera justicia.

La Superioridad Eclesiástica

La Iglesia, que encarna los principios cristianos, debe transmitirlos al Estado y, por tanto, es superior a él: esto se conoce como la intervención de la Iglesia en la sociedad civil (agustinismo político).

De hecho, la oposición señalada será utilizada posteriormente para defender la prioridad de la Iglesia sobre los poderes políticos, exigiendo su sumisión, lo que ocurrirá en la Alta Edad Media.

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