Ciudadanía en la antigüedad

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SIGNOS Y Símbolos


Solo los seres humanos tenemos la capacidad de expresarnos mediante un lenguaje con sentido, nos proporciona mínimo dos tipos de elementos: un conjunto de palabras y una serie de reglas según las cuales se pueden relacionar las palabras formando unidades de significación más amplia. En el lenguaje las palabras son signos. En los signos podemos distinguir el significado y el significante, entre los cuales se establece una relación convencional que denominamos significación o sentido. Además hay signos que remiten a otro significado ulterior, que está en parte manifiesto y en parte oculto en su significación inmediata, se trata de los símbolos.

EL UNIVERSO Simbólico

El ser humano establece una peculiar relación con el mundo: el lenguaje y las manifestaciones artísticas que produce componen un universo simbólico o una urdimbre simbólica que es lo que llamamos mundo. Nunca encontramos una palabra, un símbolo aislado. En el universo simbólico que es el mundo hallamos una mezcla de experiencia y vivencia. El lenguaje y el arte son instrumentos indispensables para hacernos con la realidad, a dotar de sentido los objetos de nuestro entorno y nuestra propia vivencia entre ellos y con las demás personas.

DIMENSIONES DEL LENGUAJE HUMANO

La principal forma de comunicación humana es la palabra, y las palabras siempre forman parte de un código que permite componer infinidad de mensajes. En todos los idiomas, a pesar de sus diferencias, podemos distinguir 3 dimensiones básicas:
la dimensión sintáctica, se refiere a las relaciones de los signos entre sí. Las reglas de la sintaxis nos indican el modo en que han de ser colocadas las palabras para que la frase pueda trasmitir un mensaje.
La dimensión semántica, se refiere a las relaciones de los signos con sus correspondientes significados. Los usos habituales funcionan como reglas que permiten formar frases con sentido y tener éxito en la comunicación. Para transmitir el mensaje deseado no basta con poner las palabras en un orden adecuado, sino que es preciso también escoger las palabras adecuadas conforme al significado compartido.
La dimensión pragmática, se refiere a la relación que se establece entre los signos y los usuarios de tales signos. En el caso del lenguaje, los usuarios son los hablantes, los signos son las palabras, y la dimensión pragmática está constituida por la intención de los hablantes y el contexto en el que ocurre la comunicación

Para llegar a entendernos cuando hablamos, deberíamos preguntarnos si estamos expresando aceptablemente lo que queremos decir. Pero además, hemos de razonar correctamente, y para ello hay que tener en cuenta las reglas de la lógica.


La ciudadanía en la antigüedad grecolatina


El termino ciudadano procede del latín civis. En el derecho romano, el termino civis estaba reservado únicamente para aquellos miembros de la comunidad que reunían ciertos requisitos, y los que no, no eran considerados ciudadanos y, por lo tanto, tenían reconocidos menos derechos que aquellos. Anteriormente, en la Grecia clásica, se utiliza el termino polites para referirse al ciudadano, solo a los que reunían ciertos requisitos, pero en algunas ciudades griegas los ciudadanos llegaron a tener una gran protagonismo, porque podían participar activamente en el gobierno de la polis, de la ciudad-Estado, a través de la democracia, el gobierno del demos, del pueblo. Tanto en Gracia como en Roma, el ciudadano era alguien a quien se reconocía dotado de un conjunto de derechos y deberes, y se destacaba especialmente el deber de defender a la ciudad.

La ciudadanía en la democracia griega: la tradición política

Para los griegos de la época clásica ser ciudadano significa sobre todo ocuparse de las cuestiones públicas y hacerlo mediante la deliberación, es decir, mediante una discusión abierta en la que se intercambian argumentos, razones y opiniones hasta alcanzar juntos un acuerdo. Este procedimiento se completa con la votación como último recurso
. 3 principios:
Isonomía o igualdad ante la ley; Isegoría o igualdad de palabra; y Koinomia o comunidad de cooperación para alcanzar el bien público.

La ciudadanía en la antigua Roma: la tradición jurídica

Para los antiguos romanos, la ciudadanía consistía sobre todo en el reconocimiento legal de algunas personas como miembros de pleno derecho de la república y, más tarde, del Imperio. El ciudadano era aquel que gozaba de la protección jurídica otorgada por las leyes y las instituciones. Según la definición del jurista Gayo, el ciudadano es el que actúa bajo la ley y espera la protección de la ley a lo largo y ancho de todo el Imperio. El civis latino es distinto del polites griego: el ciudadano griego era sobre rodo un sujeto activo al que se le exigen responsabilidades de gobierno, mientras que en Roma se entiende más bien como un título jurídico que permite reclamar ciertos derechos

. Limitaciones de la ciudadanía antigua:

se trataba de una ciudadanía excluyente, no inclusiva: únicamente eran ciudadanos los varones adultos que reunían ciertos requisitos establecidos por las leyes. Solo se consideraba libre e iguales a los miembros de la propia comunidad política que tuviesen la condición de ciudadano, y no a todo ser humano por el hecho de serlo. La condición de ciudadano en la Antigüedad proporcionaba ciertos derechos de participación política, pero los derechos individuales no estaban suficientemente protegidos frente a posibles abusos de la autoridad.

Ciudadanía y Estado


El concepto actual de ciudadano procede sobre todo de las revoluciones francesas, inglesas y americanas, y del nacimiento del capitalismo. A lo largo de la Edad Media se forjo la moción de derechos naturales, propios de todo ser humano, y para proteger esos derechos se fue instaurando poco a poco un nuevo tipo de comunidad política: el Estado nacional moderno como institución. El termino Estado fue utilizado por primera vez por Nícolás Maquiavelo en la expresión stato, participio de stare, refiriéndose con él a la organización estable, al aparato establecido, con sus cargos o burocracias y su gobernante. El concepto de soberanía doto al Estado absolutista. Los miembros de pleno derecho de un Estado son sus ciudadanos, aunque existían otras formas de pertenencia. En el estado son los ciudadanos quienes ostentan la nacionalidad de ese país, entendiendo por nacionalidad el estatuto legal por el que una persona pertenece a un Estado que haya sido reconocido por el derecho internacional, y se adscribe a él. Según las costumbres de cada país, se da prioridad a uno de los siguientes rasgos personales:
el derecho de suelo-ius soli- establece que se ha de reconocer como ciudadano a quien nace en el territorio nacional; el derecho de sangre-ius sanguinis-, en cambio, concede prioridad a la nacionalidad de los padres. Sim embargo, en un Estado de derecho, para conservar o cambiar la nacionalidad son los ciudadanos quienes permite o deniega esos cambios. La nacionalidad otorgada al nacer puede ser cambiada si la persona renuncia explícitamente a ella y adopta una nacionalidad distinta

. Ciudadanía e incluso en el Estado


Tres concepciones
: una concepción liberal, que mantiene una separación entre las libertades civiles y los derechos políticos. Las primeras han de ser garantizadas a todos los habitantes, mientras que los segundos únicamente han de ser ejercidos por los ciudadanos que formen parte del grupo étnico-cultural que sirva de base al Estado de que se trate.
La segunda concepción es republicana, no habrá lugar para excluir de los derechos políticos a ningún colectivo social. La comunidad de derecho se considera producto de un contrato social en el que los participantes han consentido vivir bajo leyes reguladoras de las libertades públicas. Desde este punto de vista, la ciudadanía va ligada a los procedimientos democráticos.
Una concepción comunista del Estado y de la ciudadanía, que reclama mayor atención a los vínculos étnicos y culturales. El comunitarismo mantiene que existen unos vínculos formaos por la cultura y procedencia étnica compartida dentro de cada pueblo, y que esos lazos afectivos son la base de solidaridad necesaria para que pueda existir el Estado

Derechos civiles


Lo carácterístico de la noción moderna de ciudadanía es el establecimiento de una serie de derechos individuales que tratan de frenar los posibles abusos del Estado y mantener un ámbito de libertas para cada ciudadano. En una primera etapa, los derechos que se reconocen a los ciudadanos son los derechos civiles.
La influencia de las ideas iusnaturalistas provoco diversos cambios políticos:
la declaración de que los indígenas americanos debían ser tratado como seres libres, con la consiguiente prohibición de esclavizarlos y de privarlos de sus bienes;
el Edicto de Nantes (Francia, 1598) establecíó una serie de normas para acabar con las guerras de religión entre católicos y protestantes, de modo que comenzó a reconocerse públicamente la libertad de conciencia;
la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de la Revolución Francesa influyo notablemente en las declaraciones que se recogieron posteriormente en muchas constituciones de diversos países.

Derechos políticos

Se generalizan las declaraciones de derechos como parte de las constituciones occidentales y se va abriendo paso la inclusión de ciertos derechos que no habían sido tenidos en cuenta antes, como los de participación política:

Las enmiendas

13, 14 y 15 de la Constitución de los Estados Unidos de América, aprobadas entre 1865 y 1870, ratificando la abolición de la esclavitud en todo el territorio nacional.
Desde finales del sXIX y durante el sXX, las constituciones de la mayoría de los países han reconocidos los derechos políticos de la mujer.

Derechos sociales, económicos y culturales

la Constitución francesa de 1848 recoge algunas disposiciones que protegen a los trabajadores y la obligación del Estado de proporcionar enseñanza primaria gratuita a todos los ciudadanos.
En la década de 1880, Bismarck impulso medidas como el seguro de enfermedad, el seguro contra accidentes laborales y las pensiones para la vejez
. La Constitución mexicana de 1917 reconoce los derechos laborales y las prestaciones de la seguridad social, sin discriminación por razón del sexo.

La doble raíz de la ciudadanía moderna


La noción de ciudadanía de la Antigüedad nos muestra dos tradiciones que aún perduran en la idea contemporánea de ciudadanía: la tradición de la participación política a través de la deliberación y la tradición de la protección legal de los derechos de la persona. La primera forma parte de la moderna idea republicana de ciudadanía, mientras que la segunda forma parte de la versión liberal.

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