El Cine en la Segunda Guerra Mundial: Propaganda y Sátira Política

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La Segunda Guerra Mundial no es el primer conflicto del que existen imágenes; las primeras se rodaron en la Guerra de los Bóeres, la Guerra de Cuba y la Guerra de la Independencia de Irlanda. Sin embargo, sí es la primera guerra en la que los bandos en conflicto cuentan con departamentos de propaganda cuya finalidad es capturar imágenes para su difusión en la retaguardia. Sobre todo, es la primera guerra en cuyo transcurso se ruedan películas sobre el propio conflicto.

Objetivos del cine bélico

Estas producciones cinematográficas pretenden responder a tres grandes objetivos:

  • Presentar de una manera clara y eficaz las motivaciones que han conducido al país a la guerra.
  • Convencer a la población civil de la licitud moral de dichas motivaciones; no basta con saber por qué o para qué se lucha, esas razones deben ser incuestionables.
  • Transmitir a la opinión pública la certeza de que no solo hay que ganar la guerra, sino que se debe ganar.

Métodos de persuasión

En este sentido, existen dos métodos principales:

  • El descriptivo: Se centra en exponer los éxitos militares.
  • El crítico: Es el más eficaz y el que se aplicó durante la Segunda Guerra Mundial, poniendo de relieve las dificultades. Con posterioridad, el cine bélico se centrará más en los episodios críticos.

La comedia como arma política

El rodaje de películas alusivas al conflicto comienza ya en 1940, recurriendo inicialmente al género de comedia:

  • El gran dictador (C. Chaplin, 1940): La película gira en torno a un tirano llamado Hinkel que gobierna un país de Centroeuropa y un barbero judío que es su doble. Es una parodia del nazismo que culmina con un discurso de Chaplin que no solo condena al régimen, sino al mundo que permitió que personajes como Hitler llegaran al poder.
  • Ser o no ser (Ernst Lubitsch, 1942): Narra la historia de una compañía teatral en Varsovia durante la invasión de Polonia. En esta obra, se ridiculiza a Hitler incluso por su propio nombre.

Ambos directores mantenían que habían rodado comedias porque, a comienzos de la guerra, cuando Hitler parecía invencible, el primer objetivo era que se le perdiera el respeto.

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