Cicerón y Quintiliano: retórica y oratoria romana, obras y técnicas
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Entrenamiento retórico: suasoriae y controversiae
Componían, memorizaban y recitaban discursos que el maestro corregía en su contenido y ejecución oral. Como ejercicio práctico los alumnos realizaban las suasoriae y las controversiae. Las suasoriae eran ejercicios para principiantes: consultas imaginarias hechas a personajes famosos, históricos o legendarios, que debían explicar las razones que les inducían a tomar una decisión en un momento determinado. Las controversiae, en cambio, eran prácticas oratorias destinadas a alumnos de nivel más avanzado y tenían generalmente un contenido jurídico.
Cicerón
Marco Tulio Cicerón (106–43 a. C.) nació en Arpino, pequeña ciudad del sur del Lacio, en una familia de clase media. Estudió en Roma y en Grecia. Vivió en una época de grandes convulsiones internas: la guerra social, la conjuración de Catilina y la guerra civil entre César y Pompeyo. En algunos de estos sucesos intervino decisivamente. Frustró la conjuración de Catilina. Asimismo, tras la muerte de Julio César atacó a Marco Antonio en sus Filípicas en defensa de la República, lo que le costó la vida.
Discursos
Cicerón es el más importante de los oradores romanos. En él culmina una larga tradición oratoria, desarrollada y perfeccionada durante la República, en condiciones de libertad política.
Obras retóricas
Cicerón no solo fue un gran orador, sino un gran teórico, autor de obras sobre retórica:
- Bruto. Es una historia de la elocuencia en Roma, desde los orígenes hasta su época. Abarca desde la figura de Catón hasta la suya propia.
- De Oratore y Orator. Tratan de la formación del orador y de la técnica del discurso. Cicerón opina que el perfecto orador ha de poseer disposición natural, cultura profunda y conocimientos de técnica del discurso.
Obras filosóficas
Dedicado desde muy joven al estudio de la filosofía, Cicerón introdujo en Roma las doctrinas filosóficas griegas, haciendo asequible a los latinos lo que hasta entonces estaba reservado a la élite culta conocedora del griego. No creó una obra original, pero su gran mérito reside en su capacidad de síntesis, en su claridad expositiva y en la creación de toda una terminología filosófica latina. Cicerón es ecléctico, muestra un fervor constante hacia Platón y una persistente hostilidad hacia Epicuro.
Cartas
Sus cartas permiten seguir la vida política y social del último cuarto de siglo de la República casi día a día. Fueron escritas sin pensar en su publicación, que se llevó a cabo después de su muerte. En resumidas cuentas, Cicerón llevó a su más alto grado de perfección la prosa latina. Escribió en un latín claro y limpio a lo largo de su extenso periodo. Su influencia fue grandísima ya en vida, acrecentándose sin cesar en la Edad Media y alcanzando su cenit en el Renacimiento. En él encontramos la síntesis perfecta entre el pensador y el hombre de acción.
Quintiliano
Quintiliano nació en Calagurris, en la Hispania Tarraconense; llegó en Roma a ser abogado famoso y abrió allí una escuela de retórica, que alcanzó pronto tanto prestigio que Vespasiano lo nombró maestro oficial de este arte, con una asignación anual a cargo del Estado. El emperador Domiciano le confió la educación de sus sobrinos y Trajano le honró con su amistad.
Luchó por implantar de nuevo los preceptos oratorios ciceronianos, como remedio a la crisis motivada por las nuevas escuelas de retórica. La idea clave para él era el equilibrio. Su obra Institutione Oratoria trata en doce libros sobre la educación del orador desde niño, de la composición y estructura del discurso, de la elección de argumentos, la declamación y los fines morales y prácticos a tener en cuenta por el orador. No supo ver que la decadencia de la oratoria obedecía a causas sociales y políticas, contra las que sería inútil luchar. Como Cicerón, exige al orador una vasta cultura. Quintiliano recomienda la elocuencia natural, sin falsas afectaciones y adornos innecesarios. A pesar de su admiración por