Carácter semidivino del protagonista de la Ilíada

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épica

La épica es un género narrativo en verso que relata las gestas de héroes y figuras

legendarias. En sus comienzos fue una creación colectiva transmitida oralmente por

recitadores, pero más adelante pasó a ser escrita por autores concretos, dando lugar a la

épica culta. La influencia de la tradición griega, especialmente de la Ilíada y la Odisea, fue

decisiva en el desarrollo de la épica romana, que florecíó entre los siglos III a.C. Y I d.C.

Homero marcó el modelo inicial.

El primer paso lo dio Livio Andrónico con su traducción de la Odisea al latín. Después,

Nevio compuso el Bellum Poenicum, centrado en acontecimientos históricos, y Ennio

escribíó los Annales, donde introdujo el verso hexámetro.

El punto culminante se alcanza con Virgilio (70–19 a.C.), protegido de Mecenas, autor de la

Eneida. En esta obra, Eneas, tras escapar de Troya, da origen al linaje romano. La

estructura recuerda a los modelos griegos: los seis primeros libros narran sus viajes (como

la Odisea), mientras que los seis últimos describen las guerras en Italia (como la Ilíada). El

protagonista encarna valores como el deber y la piedad. Virgilio también escribíó las

Bucólicas (poesía pastoril) y las Geórgicas (sobre el mundo rural).

Más adelante, Lucano (39–65 d.C.) compuso la Farsalia o Bellum Civile, donde relata el

enfrentamiento entre César y Pompeyo. Su obra rompe con la tradición al eliminar la

intervención divina y centrarse en la responsabilidad humana, con un enfoque racionalista.

Historiografía

La historiografía romana, menos estricta que la griega, tenía una intención moral y

patriótica. Se desarrolló entre los siglos III y I a.C. Y comenzó con los llamados analistas,

que escribían en griego. Posteriormente, Catón el Viejo impulsó el uso del latín para narrar

la historia de Roma.

Julio César destacó con sus Comentarios, redactados en tercera persona y con finalidad

propagandística. En De Bello Gallico describe la conquista de la Galia, mientras que en De

Bello Civili justifica su actuación en la guerra contra Pompeyo.

Salustio, cercano a César, escribíó La conjuración de Catilina y La guerra de Yugurta,

denunciando la decadencia moral con un estilo arcaizante influido por Tucídides.

En época de Augusto, Tito Livio redactó Ab urbe condita, una extensa obra desde la

fundación de Roma hasta el 9 a.C., con intención moralizante más que crítica.

También destacan Tácito, muy crítico con el poder imperial, y Suetonio, centrado en las

biografías de los primeros emperadores.3. Poesía didáctica

Este tipo de poesía tiene como finalidad enseñar, especialmente en épocas en las que la

alfabetización era limitada. El uso del verso facilitaba la memorización. Su origen se

encuentra en Grecia con Los trabajos y los días de Hesíodo y se desarrolló en la etapa

helenística.

En Roma, uno de sus máximos exponentes es Lucrecio, autor de De rerum natura, un

poema filosófico en seis libros que explica el epicureísmo con el objetivo de liberar al ser

humano del miedo a los dioses y a la muerte.

Virgilio también cultivó este género con las Geórgicas, donde, aunque trata la agricultura,

introduce una reflexión sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza.

Por su parte, Ovidio ofrece una versión más amena e irónica. En obras como Metamorfosis

y Fasti combina mitología y tradiciones. Además, en textos como Ars amatoria o Remedia

amoris mezcla enseñanza con humor, haciendo el género más accesible.

Epigrama

El epigrama es una composición breve, normalmente en dísticos elegíacos, caracterizada

por su concisión y agudeza. Surgíó en Grecia como inscripción en objetos o monumentos

con fines conmemorativos o funerarios, pero con el tiempo amplió sus temas.

En Roma aparecíó a finales del siglo II a.C. Con los neotéricos, que lo utilizaron tanto para

expresar sentimientos como para atacar a sus adversarios con tono satírico. A partir del

siglo I d.C. Predominó el carácter humorístico y crítico.

El principal autor es Marcial (40–104 d.C.), nacido en Bilbilis. Escribíó el Líber

spectaculorum y varios libros de epigramas. Sus composiciones suelen presentar una

situación inicial y terminar con un remate ingenioso. Destaca por su estilo directo y su

retrato realista de la sociedad romana.

Poesía lírica

La lírica se centra en la expresión de emociones personales. Nacíó en Grecia, donde los

poemas se acompañaban con música, especialmente de lira, con autores como Safo, Alceo

y Arquíloco.

En Roma aparecíó más tarde, cuando otros géneros ya estaban consolidados. En el siglo II

a.C. Surgieron los primeros poetas, influenciados por la tradición alejandrina.

En el siglo I a.C., los poetae novi renovaron la lírica con una poesía más refinada y erudita.

Su principal representante fue Catulo (87–54 a.C.), cuya obra incluye poemas amorosos,

composiciones más largas de tema mitológico y textos variados.Horacio (65–8 a.C.) perfecciónó el género en sus Odas y Epodos, tratando temas como el

amor, la amistad o la filosofía de vida, con ideas como el carpe diem y la Áurea mediocritas.

También escribíó Sátiras y Epístolas con intención moral y didáctica.

Poesía elegíaca

La elegía es una forma de lírica que expresa sentimientos, especialmente amorosos o

dolorosos, y se caracteriza por el uso del dístico elegíaco (hexámetro + pentámetro). En

Grecia tuvo un carácter mitológico, pero en Roma adquiríó un tono más personal.

Durante la época de Augusto se desarrolló plenamente la elegía amorosa autobiográfica,

mientras que con Ovidio también aparece una vertiente más triste centrada en el

sufrimiento.

Catulo puede considerarse un precursor del género. Posteriormente destacan Propercio,

autor de elegías dedicadas a Cintia con gran carga erudita, y Tibulo, que exaltó el amor, la

sencillez y la paz frente a la guerra.

Ovidio escribíó obras como Amores y Heroidas en su juventud, y durante su exilio compuso

Tristia y Epistulae ex Ponto, donde expresa su dolor. También creó obras como Fasti y

Metamorfosis, ampliando su temática.

La oratoria es el arte de hablar con elocuencia para persuadir al auditorio, una disciplina

fundamental en el mundo grecolatino para la vida política (asambleas) y jurídica (tribunales).

En Roma, su enseñanza se profesionalizó en el siglo I a.C. A través de las escuelas de

retórica, donde los jóvenes aprendían tanto la teoría (retórica) como su aplicación práctica

(oratoria).

Un discurso romano se estructuraba en cuatro partes: el Exordium (introducción para atraer

al público), la Narratio (exposición del tema), la Argumentatio (presentación de pruebas y

refutación de contrarios) y la Peroratio (conclusión enérgica). Para lograr el éxito, el orador

debía dominar cinco elementos: la Inventio (búsqueda de argumentos), la Dispositio

(ordenación), la Elocutio (estilo elegante), la Memoria y la Actio (gesticulación y voz).

Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.) representa la cúspide de este género durante la

República. Fue cónsul y un político activo que alineó su oratoria con la defensa de la

legalidad. Sus discursos se dividen en:

Políticos: Destacan las Catilinarias (contra la conjura de Catilina) y las Filípicas (contra

Marco Antonio, inspiradas en Demóstenes).

Judiciales: Sobresalen las Verrinas (contra el gobernador Verres) y el Pro Milone (defensa

de Milón).Además, Cicerón fijó la teoría del orador ideal en tratados como De oratore, Orator y Brutus.

Con la llegada del Imperio y la pérdida de libertad política, la oratoria se desplazó hacia el

ámbito educativo. Quintiliano (c. 35-95 d.C.), prestigioso profesor de retórica, escribíó su

obra maestra De institutione oratoria. En ella, defiende un retorno al clasicismo y propone a

Cicerón como modelo absoluto, centrando su mérito en la pedagogía y la formación integral

del orador.

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