Biografía de Carlomagno por Eginhardo

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Introducción

Eginhardo, nacido en una buena familia del valle del Meno, fue educado en la abadía de Fulda. A los 22 años, se trasladó a la Escuela Palatina de Aquisgrán, donde conoció a los hijos de Carlomagno y trabó amistad con Ludovico Pío, entrando así en la corte. Recorrió el Imperio cumpliendo diversas misiones relacionadas con los edificios del emperador. Posteriormente, se integró en la corte de Luis el Piadoso (Ludovico Pío), hijo de Carlomagno, donde se ocupó de la educación de su hijo mayor, Lotario. El nacimiento de Carlos el Calvo en 823, que dividió a los descendientes de Carlomagno, lo llevó a buscar la intermediación. Sin embargo, la rebelión de 830 provocó que Eginhardo se estableciera en Mülheim, donde fundó la abadía de Seligenstadt y se dedicó a la actividad literaria. Falleció allí en 840.

El libro de Eginhardo trata sobre la vida íntima del rey Carlomagno, sus hábitos personales y sus gustos. Gracias a su posición privilegiada en la corte, Eginhardo tuvo acceso a información de primera mano. Recibió una educación avanzada en el monasterio de Fulda desde 779, destacando como un estudiante excepcional. Carlomagno, al conocer su talento, lo envió a su escuela palacio de Aquisgrán en 791. Eginhardo trabajó en la corte durante aproximadamente 20 años, escribiendo la biografía de Carlomagno después de abandonar Aquisgrán, cuando ya vivía en Seligenstadt.

La posición de Eginhardo en la corte era similar a la de un ministro de obras públicas actual, lo que le permitió un conocimiento íntimo del entorno. También fue responsable de supervisar muchas de las abadías del reino. Existe una leyenda que afirma que la esposa de Eginhardo era una de las hijas de Carlomagno, pero esto no ha sido probado y podría ser un cuento del siglo XII.

A diferencia de otras biografías de la Edad Media, que a menudo idealizaban a sus protagonistas, la de Eginhardo es considerada en gran medida verídica y un relato fiable de la vida de Carlomagno. Es considerada una excelente descripción de la vida en la temprana Edad Media (Vita Karoli).

Primeros años y ascenso al poder

Eginhardo omite los primeros años de Carlomagno debido a la escasez de información confiable sobre ese período.

Carlos Martel fue sucedido por sus dos hijos: Carlomán y Pipino el Breve, padre de Carlomagno. Para controlar el separatismo en la periferia del reino, los hermanos colocaron en el trono a Childerico III, el último rey merovingio. Tras la renuncia de Carlomán, Pipino depuso a Childerico con la aprobación del papa Zacarías, quien lo eligió y ungió rey de los francos en 751. En 754, Esteban II lo ungió nuevamente a él y a sus hijos como herederos de un reino que abarcaba la mayor parte de Europa Occidental y Central. Así, la dinastía merovingia fue reemplazada por la carolingia, cuyo nombre deriva del padre de Pipino, Carlos Martel. Carlomagno y Carlomán compartieron el reino, pero tras la muerte de Carlomán, Carlomagno heredó todo el poder.

Expansión del Imperio

A partir de 772, Carlomagno emprendió una larga guerra contra los sajones para incorporar sus territorios al Imperio Franco (las últimas incursiones datan de 804, según los Annales regni Francorum). Esta campaña se sumó a la práctica de líderes cristianos no romanos que forzaban la conversión de sus vecinos. Misioneros católicos francos, junto con otros de Irlanda e Inglaterra, habían entrado en territorio sajón desde mediados del siglo VIII, lo que resultó en un aumento de los enfrentamientos. El principal oponente sajón de Carlomagno, Widukind, aceptó el bautismo en 785 como parte de un acuerdo de paz, pero otros líderes sajones continuaron la lucha. Tras su victoria en Verden en 782, Carlomagno ordenó la masacre de miles de prisioneros sajones paganos. Después de varias revueltas, los sajones fueron finalmente derrotados en 804. Esto expandió el Imperio Franco hacia el este, hasta el río Elba.

Simultáneamente (773-774), Carlomagno conquistó a los lombardos, incorporando el norte de Italia a su esfera de influencia. Renovó la donación al Vaticano y la promesa de protección franca al papado.

En 788, Tasilón III, duque de Baviera, se rebeló contra Carlomagno. Tras aplastar la revuelta, Carlomagno incorporó Baviera a su reino, reduciendo el poder de los agilolfingos, otra familia influyente entre los francos y potenciales rivales. Hasta 796, Carlomagno continuó expandiendo su reino hacia el sureste, hasta la actual Austria y partes de Croacia. Creó un reino que se extendía desde los Pirineos al suroeste (incluyendo una zona del norte de la Península Ibérica, la Marca Hispánica, tras 795), pasando por casi toda la Francia moderna (excepto Bretaña), hasta la mayor parte de la actual Alemania, el norte de Italia y la actual Austria.

Religión y cultura

En la jerarquía de la Iglesia, obispos y abades buscaban la protección del palacio real. Carlomagno se convirtió en el líder de la cristiandad occidental e impulsó el «Renacimiento carolingio» gracias a su apoyo a los monasterios como centros de enseñanza.

Vida personal

Carlomagno se destacó por su paciencia frente a la envidia y el odio de sus detractores. Tuvo alrededor de 10 mujeres y 15 hijos, tanto legítimos como ilegítimos. Se preocupó por la educación de sus hijos, instruyendo a los varones en la caza, la equitación y el manejo de armas, mientras que las mujeres aprendían labores como el hilado y el tejido. La muerte de tres de sus hijos lo afectó profundamente. Mantuvo una estrecha relación con su madre y su hermana, quien llevó una vida religiosa hasta su muerte, pocos años antes que la de Carlomagno.

Carlomagno era hospitalario con los extranjeros, lo que a veces le generaba gastos considerables. Físicamente, Eginhardo lo describe como un hombre corpulento y robusto, alto, de grandes ojos, nariz larga, cabellera blanca y rostro agradable. Estos atributos contribuían a su autoridad y dignidad. En cuanto a su salud, no tuvo problemas graves hasta sus últimos años, cuando sufrió fiebres y cojera. A pesar de ello, continuó con sus actividades habituales, como la caza, la equitación y la natación. Vestía de forma tradicional y discreta, con una capa azulada y una espada con empuñadura de oro o plata.

No era dado a los excesos con la comida ni la bebida. Rara vez ofrecía banquetes, y cuando lo hacía, era en ocasiones importantes, invitando a un gran número de personas. Mientras comía, disfrutaba de la música o la lectura, siendo su obra preferida La Ciudad de Dios.

Carlomagno era un devoto cristiano desde su infancia. En Aquisgrán, mandó construir una basílica que se encargó de enriquecer y abastecer. Se dedicó a socorrer a los pobres, tanto dentro como fuera de su reino. La iglesia del apóstol Pedro fue objeto de su mayor devoción, aunque solo la visitó cuatro veces en su vida. Su último viaje a Roma fue en respuesta a un ataque al papa León III, quien pidió ayuda a Carlomagno. En esa ocasión, recibió el título de emperador y augusto, un honor que inicialmente no aceptó de buen grado.

Últimos años y muerte

En 813, Carlomagno coronó a su único hijo superviviente, Ludovico Pío, rey de Aquitania, como coemperador. Tras pasar el otoño cazando, regresó a Aquisgrán el 1 de noviembre. En enero de 814, enfermó de pleuritis y falleció el 21 de enero. Fue sepultado el mismo día en la Catedral de Aquisgrán.

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