Bio-oxidación de lípidos

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Fuentes energéticas en el ejercicio

El músculo esquelético obtiene la energía necesaria para poder realizar los cambios estructurales que provocan la contracción muscular a través de sustratos que o bien provienen de la dieta diaria, o bien se encuentran de alguna forma almacenados en nuestro organismo. Estos sustratos no pueden ser utilizados directamente por el músculo para obtener energía, sino que deben transformarse primero en adenosín-trifosfato (ATP), que sí puede ser utilizado por la célula muscular de forma directa como fuente energética.

      El músculo posee tres fuentes energéticas cuya utilización varía en función de la actividad física desarrollada, prevaleciendo un sistema sobre los otros, pero será muy difícil aislar situaciones en las que el aporte energético esté abastecido por un único sistema.

1.SISTEMAANAERÓBICO ALÁCTICO O SISTEMA DE LOS FOSFÁGENOS

Prevalente en actividades de pocos segundos y de elevada intensidad. Los sustratos son:

     -ATP: Las fibras musculares utilizan el ATP de forma directa. Los almacenes de ATP en la célula son muy pequeños, con lo que el tiempo de utilización es inferior a un segundo. Debe reciclarse constantemente y esto se consigue fundamentalmente a través de la fosfocreatina.

    -PC (fosfocreatina): Su concentración en la célula es 3 a 5 veces superior a la de ATP. Se agota en unos dos segundos de ejercicio de máxima intensidad.

2.SISTEMA ANAERÓBICO LÁCTICO O Glucólisis ANAERÓBICA

De los tres principios inmediatos, sólo los hidratos de carbono pueden metabolizarse sin la participación directa del oxígeno. Es a través de la glucólisis. La glucólisis anaeróbica involucra directamente a las fibras tipo II y proporciona energía para actividades de elevada intensidad hasta 1 minuto de duración. Se produce ATP pero también ácido láctico, que va a a provocar acidosis metabólica y consecuente aparición de fatiga muscular. La intensidad de ejercicio en la que comienzan a elevarse las concentraciones de lactato en sangre es distinta para cada persona, denominándose conceptualmente este fenómeno como “umbral anaeróbico”.

La participación de la glucólisis anaeróbica no implica necesariamente el cese del metabolismo aeróbico sino que existe un solapamiento de ambos sistemas con predominio de uno u otro según la actividad física desarrollada. Por otra parte, el aumento de la concentración de lactato en sangre no implica necesariamente condiciones anaeróbicas, ya que la ausencia de de oxígeno sólo es una de las razones que provocan el aumento de lactato.

3.SISTEMA AERÓBICO U OXIDATIVO

Tanto los hidratos de carbono, como las grasas y excepcionalmente las proteínas pueden ser utilizadas de forma aeróbica. Hay que tener en cuenta que se obtiene más energía a partir de un sustrato por medio de la oxidación que a través de la glucólisis. Son dos los procesos a través de los cuales se obtiene energía de forma aeróbica: el ciclo de Krebs y la fosforilación oxidativa.

Con el entrenamiento de resistencia, varios enzimas del ciclo de Krebs y de la cadena respiratoria pueden doblar su actividad, así como aumentar el tamaño y número de las mitocondrias.

Los lípidos almacenados en el organismo son una fuente inagotable de energía, aumentando su protagonismo como fuente energética según aumenta la duración del ejercicio. La utilización de grasas como sustrato energético provoca un ahorro en el consumo de hidratos de carbono, cuyo agotamiento está relacionado con la instauración de fatiga en ejercicios de larga duración.

Los ácidos grasos utilizados por la célula muscular provienen de distintas fuentes, como son el tejido adiposo, las lipoproteínas circulantes y los triglicéridos almacenados en la propia célula muscular.

Las proteínas pueden aportar entre un 4 y un 15% de la energía total durante el ejercicio, si bien esto ocurre en ejercicios de larga duración (de más de 60 minutos), siendo su aportación energética prácticamente inexistente en ejercicios de menor duración.

4.EFECTOS DEL ENTRENAMIENTO

Con el entrenamiento continuado se producen una serie de adaptaciones fisiológicas y bioquímicas que determinan la utilización de sustratos energéticos durante el ejercicio físico. Destacan:

 Aumento del VO2 máx., indicando una mayor capacidad de las mitocondrias de consumir oxígeno

Mejora del umbral anaeróbico o punto de inflexión del lactato.

Aumento de la capacidad del músculo y del tejido hepático para almacenar glucógeno.

Aumento de la tasa de oxidación de las grasas con un descenso de la utilización de glucógeno en cualquier intensidad de trabajo, debido a:

 Aumento de la capilarización sanguínea que rodea a las fibras musculares, lo que facilita un mejor transporte de oxígeno y sustratos energéticos a la mitocondria, especialmente la captación de ácidos grasos libres.

Aumento del número y tamaño de las mitocondrias y de su actividad enzimática en el ciclo de Krebs, cadena respiratoria y oxidación de ácidos grasos.

Mayor capacidad de algunos tejidos, como corazón hígado, riñones y músculos de utilizar como sustrato energético el lactato producido durante el ejercicio.

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