La belleza de tropezar con la misma piedra: un viaje hacia el amor
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La elección de tropezar
Me dicen que es de tontos tropezar tres veces con la misma piedra, pero es que tú eras una piedra sobre la que merecía la pena caer, resbalarse, hacerse herida.
Porque hay personas que merecen nuestra herida; personas que mancharon todo de felicidad, contrataron la alegría y la volcaron sobre ti. Como quien arroja un cubo de esperanza, personas que empapan tu vida con su risa y, ahora que no están, no dejan cuerda de tender donde seque esta tristeza.
El dolor como parte del regalo
Tu boca es el ticket de entrada al paraíso, como una esperanza que se cuela dentro. Y dueles. Claro que dueles. Como un regalo que al abrirlo está vacío, como el premio que te sacan de las manos.
Dueles.
Pero yo sé que el amor se toma un tiempo sobre ti para que los temores no caven más hondo. A veces no hay parejas que no se amen, sino temores que nos vencen.
El retorno y la sanación
Pero siempre vuelves, siempre llegas de nuevo para estampar en un cuarto el paraíso, para darle un nuevo placer a mi memoria, un motivo más para creer.
Y sé que no es fácil, que me hago herida nuevamente en cada travesía desde mi lengua hasta la nada, pero me curas de nuevo en tu viaje de vuelta hacia nosotros. Me curas, muerdes mis heridas y las arrancas de golpe, y allí donde había piel rota y soledad solo encuentro piel nueva, alma restaurada.
Aceptar la incertidumbre
Por eso acepto todo lo que caiga sobre mí cuando no estés. Acepto que me elijas y me sueltes, que la felicidad sea un disparo, lo que dure este momento.
Acepto las tres llamadas pendientes que cuelgan de mi vida con las que no sé qué hacer para que no revientes de pasado el paisaje. Y también los domingos en que siento que la vida está comunicando.
Lo acepto todo si eso abre la puerta a que mis lunes sean tus lunes, tu foto tu desvelo y mis guerras un motivo por el que hallar la paz contigo.
La necesidad de ser nosotros
Te necesito.
Te necesito porque despedirse es una palabra demasiado grande y no lo entienden. Y vuelvo a ti porque no es posible ponerle vallas al amor y cada uno elige el modo de volarse. ¿Dependencia? Por supuesto. De la felicidad que traes, de ser nosotros, posiblemente. Les digo eso.
Por eso vuelvo a ti, a chocar de frente contra la felicidad, a caer de boca contra la felicidad. Me equivoque o no, para mí eres eso: la calle que conduce a la felicidad.
Por eso sé, hoy más que nunca, que mi vida no fuera VIDA sin ti.