Bartolomé Esteban Murillo: Evolución Estilística y Legado en la Pintura Barroca Sevillana
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Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617-1682): Un Maestro del Barroco Andaluz
Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617-1682) pertenece a la generación posterior a Velázquez. Renunció a la Corte por vivir en Sevilla; tampoco visitó Italia, y se ganaba la vida con la venta de sus obras.
Vida Personal y Compromiso Social
La muerte se cebó en su familia: fue huérfano desde niño, quedó pronto viudo y vio morir a seis de sus nueve hijos. Mitigó la soledad con su afiliación a las hermandades de Sevilla y se volcó hacia la enseñanza del dibujo en la Academia del Arte de la Pintura, que fundó en 1660.
La sociedad le recompensó con la fama. Su celebridad traspasó las fronteras; entabló amistad con los comerciantes flamencos Belle y Omazur, quienes le encargaron pintura profana para burgueses.
División Estilística: Los Tres Períodos de Murillo
Los románticos extranjeros dividieron el estilo de Murillo en tres períodos:
- Período Frío: Corresponde a la etapa juvenil. Deriva de su admiración por Zurbarán y se caracteriza por los fuertes contrastes de luz, la precisión en el dibujo y la pincelada lisa. Algunos de sus cuadros de su fase inicial claroscuro son la Virgen del Rosario con el Niño y la Sagrada Familia del pajarito.
- Período Cálido: Se inicia en 1656 con el San Antonio de la catedral hispalense. Murillo comienza a pintar gigantescos cuadros e incorpora los efectos de contraluz venecianos. El tenebrismo desaparece, la pintura se hace suelta y el colorido brillante.
- Período Vaporoso: Es el típico de sus últimos años; el color se hace transparente y difuminado.
Obras Monumentales y Devocionales
En 1669 realiza grandes cuadros para los altares laterales del convento de Capuchinos:
- San Francisco abrazado al crucificado
- La adoración de los pastores
- Santo Tomás de Villanueva repartiendo limosna
También pinta seis obras de Misericordia para la iglesia de la Santa Caridad. En los laterales del presbiterio representa La multiplicación de los panes y los peces y Moisés haciendo brotar el agua de la peña; y en las paredes de la nave El regreso del hijo pródigo y los tres ángeles, La curación del paralítico en la piscina probática y la liberación de San Pedro.
Además, ilustra plásticamente las pinturas de los dos altares colaterales: San Juan de Dios transportando un enfermo y La reina Santa Isabel curando a los tiñosos.
La Cima de su Gracia Pictórica
Hasta su fallecimiento, Murillo concentró su gracia pictórica en las apoteósicas visiones de la Inmaculada, vestida de celeste y blanco, con un trono de ángeles a los pies, y en las representaciones infantiles de San Juanito y el niño Jesús: Los niños de la concha, San Juanito con el cordero y el Buen pastor.
El carácter afable de estos temas piadosos encuentra su correlato en el ámbito profano, con:
- Muchachos comiendo empanada
- Muchachos comiendo uvas
- Muchachos jugando a los dados
Cuyas escenas callejeras, carentes de amargura, le convierten en un precursor del Rococó.