Autarquía, apertura internacional y crecimiento económico en la España franquista (1939-1969)
Autarquía económica y estancamiento
El aislamiento internacional fortaleció la autarquía como instrumento clave de la política económica, con el objetivo principal de lograr el mayor grado posible de autoabastecimiento. Para promover la industrialización se creó en 1941 el Instituto Nacional de Industria (INI), y se nacionalizaron la telefonía, el transporte aéreo y las minas. Estas empresas obtuvieron grandes beneficios gracias a los bajos salarios pagados.
El sector más perjudicado fue la agricultura, con descenso de tierras en cultivo y de producción. El problema de la vivienda no se solucionó hasta 1957.
b) Fin del aislacionismo y reconocimiento internacional (1950-1959)
Para lograr el apoyo internacional, el franquismo tuvo que apoyarse en dos pilares básicos: Estados Unidos y el Vaticano.
- En septiembre de 1953, España firmó los Pactos de Madrid con Estados Unidos, que establecían una política de defensa y ayuda económica a cambio de la concesión a Estados Unidos de instalar bases militares en España.
- También en 1953, España firmó un Concordato con la Santa Sede, que confirmaba la confesionalidad católica del régimen y el fuero eclesiástico, por el cual el Estado financiaba los costes salariales de los sacerdotes y concedía amplios derechos educativos.
España culminó su reconocimiento internacional con su ingreso en la ONU en 1955. En 1951 se suprimió el racionamiento y se aprobó un decreto de liberalización del comercio. La industria comenzó a crecer gracias a la ayuda norteamericana, aunque España seguía siendo predominantemente agraria.
El desarrollo del turismo tuvo repercusiones muy favorables, ya que el reconocimiento internacional impulsó la llegada de más extranjeros a España.
c) Crecimiento económico y modernización (1959-1969)
A mediados de los años 50, la semiautarquía y la sindicación vertical asfixiaban la economía. Por ello, Franco eligió ministros formados en economía y derecho, entre los que había miembros del Opus Dei, instituto secular católico. Para liberalizar la economía se creó un Plan de Estabilización.
Superada la recesión tras el Plan de Estabilización, el franquismo inauguró una etapa de ideología desarrollista con la intención de subir la renta per cápita. Entre 1962 y 1975 se aplicaron tres Planes de Desarrollo, que situaron a España entre las diez potencias industriales del mundo. España tuvo una de las tasas de crecimiento más altas del mundo en los años sesenta.
Los principales beneficiarios del crecimiento económico fueron la banca y los grandes grupos industriales. Sin embargo, seguían existiendo desigualdades personales y regionales en la distribución de la renta.
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