Augusto Monterroso: Cuentos Selectos, Sátira y Crítica Social en su Obra

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Augusto Monterroso: Cuentos Selectos, Sátira y Crítica Social

Publicado en el año 1954, el cuento Mister Taylor abre la antología de Augusto Monterroso. Esta narración aborda el anticolonialismo a través de la historia de un personaje que viaja a un país de América del Sur para iniciar un negocio de cabezas reducidas, y que, irónicamente, termina perdiendo la suya propia. Es un cuento de extensión considerable en comparación con otras obras del autor.

Mister Taylor: Imperialismo y la Pérdida de la Identidad

Este relato constituye un ataque directo al imperialismo estadounidense. Una característica distintiva es el humor ácido, mordaz y negro, así como la crítica a la actitud de superioridad de sociedades que se consideran por encima de otras. Monterroso busca poner en ridículo a quienes creen que su cultura es superior.

Además, en Mister Taylor aparece una visión importante del concepto de "obra completa". El autor cuestiona la idea de obras cerradas, una constante en su producción literaria, y critica la perfección y la obra acabada. También se aborda la crítica al desarrollo social, ya que el progreso económico que emprende Mister Taylor culmina en la ruina total del pueblo (una situación que, lamentablemente, resuena en la actualidad). El cuento ofrece un final feliz para el lector, pero infeliz para los personajes, invirtiendo así los valores clásicos de la narrativa.

"Uno de cada tres": La Obsesión por Contar y el Negocio de las Penas

En "Uno de cada tres", el deseo de contar las propias penas es central, manifestado en la abundancia de personajes que anhelan compartir sus sufrimientos. De nuevo, la cuestión ideológica subyace en los cuentos de Monterroso: todo puede ser un negocio. También se explora la obsesión por narrar la propia vida.

"Sinfonía Concluida": Eurocentrismo y la Crítica a la Perfección

"Sinfonía Concluida" es un cuento que se desarrolla en una sola página. Presenta un texto en el que, de vez en cuando, aparecen paréntesis en forma de guion, pero no se encuentra un punto final hasta el cierre de la narración. Esto subraya una característica clave del cuento: su ligazón a la oralidad, que invita a una lectura casi sin respirar.

El relato comienza con un guion porque todo el cuento es el discurso de «el gordo» en estilo directo. Los paréntesis ofrecen un marco contextual. En cuanto al contenido, el cuento narra un acontecimiento importante: el gran descubrimiento musical de una sinfonía. Lo que se ha descubierto son los movimientos para completarla, y el autor critica que nadie le dé importancia a este hallazgo porque quien lo ha descubierto no es europeo, lo que constituye una clara crítica al eurocentrismo.

El rasgo estilístico más interesante es la ausencia de puntuación, pero esto no debe hacer olvidar otros elementos como la ironía, que se intensifica hasta el final. El viejito, quien realiza el descubrimiento, insiste en que se le dé la debida importancia a su hallazgo, por lo que viaja a Europa. Allí se encuentra con otros viejitos judíos que se ponen nerviosos al tocar la partitura y, con gran emoción, descubren y lloran porque son verdaderas. Sin embargo, estos viejitos piensan que él debería olvidar esas partituras. Se anticipan a algo que sucederá: nadie le creerá debido a los prejuicios por su origen guatemalteco. Al final, el viejito regresa a Guatemala. Todo esto se relaciona con el concepto de perfección que tanto critica Monterroso.

"Primera Dama": Sátira Política y Superficialidad Cultural

En "Primera Dama", aparece Rubén Darío y se aborda la cultura superficial. Con un pretexto trivial, se destroza un poema de Darío. Esta es también una crítica, al igual que los cuentos anteriores, pero en este caso se dirige a la conducta de los políticos ante los problemas de la gente, como el hambre que padecen los niños en las escuelas.

Es una sátira política sobre las reglas sociales en medio de las cuales se mueven quienes ejercen el poder. Dentro de esas reglas hipócritas, se enmarca el típico acto cultural. El personaje de la Primera Dama encierra una sátira: su obsesión es recitar, lo que subraya la superficialidad y la vanidad en el ámbito político.

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