Ascenso de Hitler: Expansión Territorial y Apaciguamiento Europeo (1934-1938)
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El Ascenso de la Agresión Nazi (1934-1935)
Los Protocolos de Roma y la Primera Intentona de Anschluss
En marzo de 1934, Benito Mussolini formó un bloque danubiano al firmar los Protocolos de Roma junto con Austria y Hungría, con el fin de defender sus intereses en el centro de Europa. La primera intentona fallida de la expansión nazi se produjo en julio de 1934, cuando Adolf Hitler ordenó el asesinato del Canciller austriaco para provocar el Anschluss (anexión de Austria a Alemania). La actitud de Mussolini, al montar guardia en el paso del Brennero, impidió el despliegue del ejército nazi.
El Plebiscito del Sarre y el Rearme Alemán
El primer triunfo anexionista de Hitler no se produjo hasta principios de 1935. El Sarre, administrado hasta entonces por la Sociedad de Naciones, celebró un plebiscito según el cual el 90% de la población votó a favor de la reincorporación a Alemania. Animado por la anexión del Sarre, Hitler anunció la creación de una poderosa Luftwaffe (fuerza aérea alemana). Francia respondió de inmediato a la provocación y amplió a dos años el período del servicio militar. La decisión del Gobierno francés fue utilizada por Hitler como excusa para repudiar formalmente el Tratado de Versalles.
Diplomacia y Apaciguamiento (1935-1936)
La Conferencia de Stresa y el Pacto Franco-Soviético
Tras la tensión provocada por los acontecimientos del Sarre, se vislumbró un breve clima de distensión en las relaciones internacionales. En abril de 1935, Italia, Francia y Gran Bretaña se comprometieron en la Conferencia de Stresa a garantizar la independencia de Austria. Este acuerdo se vio reforzado un mes después por el Pacto Franco-Soviético, lo que supuso un aparente freno a la expansión nazi.
La Remilitarización de Renania y la Inacción Aliada
Sin embargo, poco después sobrevino una nueva demostración de fuerza. El 7 de marzo de 1936, Hitler ordenó la remilitarización de Renania. De hecho, en esta ocasión, Hitler desafió abiertamente las cláusulas del Tratado de Versalles relativas a la limitación del armamento alemán. Contrario a lo que hubiera sido más previsible —una respuesta enérgica de las potencias democráticas— Francia y Gran Bretaña permanecieron pasivas por temor a provocar una guerra. Esta estrategia de apaciguamiento fue interpretada como un reconocimiento de la fuerza alemana, situación que facilitó un acercamiento diplomático hacia Alemania por parte de Bélgica, Polonia y, sobre todo, Italia.
La Consolidación de la Agresión (1938)
El Anschluss de Austria
Las apariencias de buena voluntad se disiparon totalmente en 1938, año en que la diplomacia europea se rindió ante las pretensiones de Hitler. Concretamente, el 12 de febrero, el Führer se entrevistó con el Canciller austriaco, Kurt Schuschnigg. En esa reunión, el gobernante austriaco cedió ante las exigencias de Hitler de nombrar al jefe del partido nazi austriaco como Ministro del Interior de su país. De regreso a Viena, Schuschnigg intentó buscar apoyo internacional para incumplir lo prometido, pero no lo encontró.
Ante esta situación, el Canciller austriaco convocó un referéndum para que sus compatriotas decidieran su destino. Los nazis forzaron al Presidente de Austria a nombrar Canciller a Arthur Seyss-Inquart. El nombramiento se realizó el 11 de marzo y, al día siguiente, el nuevo Canciller proclamó el Anschluss y solicitó a Hitler el envío de tropas alemanas. Tras estos acontecimientos, se celebró un referéndum en el que el 99% de los votantes aprobó la anexión. Italia, Francia y Gran Bretaña reconocieron la anexión pocos días después.
El Inicio de la Crisis de los Sudetes
Casi al mismo tiempo, una región situada al oeste de Bohemia, conocida como los Sudetes, comenzó a experimentar un período de crispación social y política, marcado por serios conflictos. En los Sudetes vivían 3,5 millones de habitantes de habla alemana.