Arte Paleocristiano y Bizantino: Evolución y Legado del Cristianismo

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Arte Paleocristiano y Bizantino

Ambos estilos representan la evolución del arte romano clásico, filtrado a través del nuevo pensamiento ideológico y artístico impuesto por el cristianismo. El primero es, en esencia, el arte romano cristianizado tras el afianzamiento de la nueva religión a lo largo del siglo IV; el segundo, al menos durante su primera edad de oro, es reflejo del deseo de continuar la magnificencia y el prestigio de Roma en la nueva Constantinopla, tras la desaparición del Imperio romano de Occidente.

Arte Paleocristiano

Se denomina arte paleocristiano al desarrollado en las primeras comunidades cristianas desde los siglos II y III hasta la caída del Imperio romano de Occidente. Se divide en dos grandes periodos:

  • Periodo de persecución y clandestinidad (siglos II y III): Se aprecia en las pinturas murales realizadas en las catacumbas o cementerios subterráneos donde se refugiaban los primeros cristianos. En estas pinturas, tenía mayor interés el valor espiritual que el artístico; por eso, se caracterizaba por su simplicidad y el uso de formas relacionadas con los nuevos ideales religiosos. Estas catacumbas estaban formadas por largos y estrechos pasillos en varias direcciones y niveles, conformando confusos laberintos y refugios. Se realizaron pinturas en las paredes y cavidades para tumbas, dejando los espacios más amplios para reuniones y ceremonias (destacan las de San Calixto y Santa Priscila en Roma).
  • Periodo del gran arte paleocristiano (siglo IV): Tras convertirse el cristianismo en religión oficial del Imperio, el arte fue protegido e impulsado por las grandes jerarquías eclesiásticas de la época. Se adaptó el modelo de la basílica romana como lugar de culto para una mejor concentración de los fieles.

Arquitectura Paleocristiana

Se caracteriza por una planta rectangular con tres naves, siendo la central más alta y amplia que las laterales, y un espacio principal donde se ubicaba el altar. Las naves estaban separadas por una fila de columnas coronadas por arcos y ventanas superiores. Entre las primeras basílicas destacan San Juan de Letrán y Santa Sabina.

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