Apoxiomeno de lisipo comentario

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Durante el periodo arcaico (siglo VII-VI a.C) la escultura se caracterizó por la representación de figuras humanas masculinas llamadas koúroí o curos, como es el caso del Kouros de Anavyssos.
El kouros es una escultura de bulto redondo que representa a un joven desnudo. La estatua se caracteriza por la rigidez, la frontalidad y se observa una tendencia a la geometrización de algunos rasgos anatómicos y de la musculatura como por ejemplo el pectoral, las clavículas o el abdomen.  Se podría determinar una simetría en ella, como si hubieran establecido un eje central que la dividiera en dos mitades iguales, exceptuando la pierna adelantada.
Si nos fijamos en rasgos más concretos, el rostro del Kouros es totalmente inexpresivo, su cabellera es antinatural y el torso tiene forma de triángulo invertido. 
El periodo clásico (siglo V-IV a.C) mostró la preocupación de los artistas por reproducir la anatomía humana con proporciones equilibradas, en un intento de alcanzar el modelo ideal de belleza humana.
Policleto plasmó en el Doríforo a un joven atleta de pie, desnudo, que con la mano izquierda sostiene una lanza, actualmente perdida.
La escultura destaca por el cálculo preciso de las proporciones que el autor realiza para conseguir el canon anatómico perfecto, según el cual la altura total debe ser equivalente a siete veces la cabeza.

La escultura ya no es totalmente rígida, sino que se busca el movimiento utilizando el contrapposto. Mantiene el torso en tensión mientras marca la elevación de la cadera derecha y flexiona la pierna izquierda, produciendo el efecto contrario en sus hombros.
El cuerpo está más trabajado, ya no es tan esquematizado, sino que marcan ya una musculatura que a la vez sirve para crear figuras más estilizadas. Se intenta darle más Naturalismo y expresión al rostro, pero se mantiene el cabello arcaico con una distribución plástica.
A finales del griego clásico, aparece un estilo denominado el periodo post-clásico (siglo IV a.C), una escultura con un sentido más humano y figuras expresivas.
El Apoxiomeno, obra atribuida a Lisipo, muestra una clara evolución en la estilización de la figura humana. Crea hombres más alargados, es decir, si en el periodo anterior decíamos que Policleto fija el canon de un séptimo, Lisipo establece que la cabeza debe pasar a ser una octava parte de la figura. De este modo, el cuerpo se vuelve más esbelto y ofrece mayor altura a las figuras: del canon ideal de Policleto se pasa al canon naturalista de Lisipo.
También se observa como se rompe con el punto de vista frontal y coloca la figura de perfil, de modo que se puede ver todo su contorno.
Las representaciones se alejan del atleta heroico o divino en el momento de la hazaña deportiva o de la victoria, ahora las esculturas son atletas en el momento posterior a la contienda. Las caras plasman las expresiones de cansancio y el pelo revuelto.
En concreto, el Apoxiomeno está en actitud de quitarse el aceite dado para el ejercicio con un estrigilo. Apoxioneno significa "el raspador".

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