Diez Años de Prisión: El Precio de la Complicidad y la Búsqueda de Redención
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El Regreso a la Libertad y el Rechazo Social
Ya estaba fuera de ese horrible lugar. No lo había pasado tan mal en mi vida. He estado encarcelado diez años en esa prisión y en estos diez años he reflexionado sobre cómo es la vida y cómo debo tratarla.
Cuando salí y tomé el transporte público para ir a una pensión que había reservado, todo el que pasaba por mi lado me miraba de una manera asquerosa. Incluso había gente que pasaba cerca y me insultaba, me humillaba y me amenazaba. Entonces estuve seguro de que esta gente estaba esperando a que yo saliera de la cárcel para decirme todo lo que me habían dicho ese día.
La Búsqueda de Apoyo
Antes de entrar en la cárcel había gente que me amaba y me apoyaba hasta el final. Aproximadamente una semana después de mi liberación, quise ponerme a buscar a esa gente que siempre había estado conmigo en esos momentos.
El Encuentro con Juan, el Vecino
El primer lugar donde fui fue a casa de mi vecino Juan, que fue el primero de todos que creyó en mí. Llamé al timbre y abrió su madre, a quien no le gustaba que yo saliera con su hijo cuando nos juntábamos.
Abrió la puerta, preguntó qué quería y contesté que si estaba Juan. Cuando vio que preguntaba por él y que me conocía de algo, cerró de golpe la puerta y gritaba desesperada que me fuera, que si no llamaría a la policía. Yo, asustado y avergonzado, salí caminando hacia atrás y acelerando el paso más deprisa de lo normal.
El Reencuentro con María, la Hermana
María, mi hermana, me creía, pero le costó un poco más creer lo que pasó de verdad. Ella vivía sola, no tenía pareja estable y le gustaba ir a su mundo y no preocuparse por los demás. Ella vivía en el otro extremo de la ciudad, en el Edificio Martugal, número 28-30.
Cuando llamé, salió un niño pequeño de 4 años que preguntaba quién era yo y por qué había ido a su casa. Me quedé sin palabras y pregunté si estaba María, María García. El niño, desconcertado, sin saber qué decir, dijo que era su madre Mariona. Rápidamente fue a buscarla y ella vino. Yo, cuando la vi, me quedé boquiabierto al ver a la hermana que tenía, por lo alta y guapa que estaba.
Ella, cuando me vio, me dio un abrazo y me preguntó qué hacía allí.
La Confesión y el Origen del Crimen
Estuvimos hablando toda una tarde, explicándole cómo había pasado mis diez años en la cárcel. Mi hermana lloraba muchísimo porque yo estuve metido en la cárcel por haber sido cómplice de un asesinato. La víctima era la hermana de mi vecino Juan.
Las Malas Compañías
Yo fui cómplice de un amigo que conocí cuando tenía 18 años, que hacía todo tipo de cosas:
- Fumar porros.
- Beber.
- ...
Por eso, ahora mismo estoy en una sala explicándole a usted lo que me pasó de joven por culpa de las malas compañías.