Al-Ándalus: Evolución Histórica y Periodos Clave
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Al-Ándalus
Emirato Dependiente
Abd al-Rahman I creó el emirato independiente de Córdoba. Ello significó la fundación de un nuevo Estado, sin sumisión política al califa abasí de Bagdad. Atrajo a Al-Ándalus a otros Omeyas, con los que formó la base política, administrativa y militar del nuevo Estado. La política exterior estaba orientada a conservar los territorios peninsulares conquistados sin más ambiciones. De vez en cuando se realizaron aceifas de castigo contra los reinos cristianos del norte. A pesar de la mejor organización política y militar, surgieron conflictos entre el poder central cordobés y los gobernantes de los territorios fronterizos (marcas). Estos deseaban la independencia. A esto se sumaron pronto los problemas sociales con la población muladí y mozárabe. Estos problemas sociales ocasionaron diversas revueltas a las que tuvieron que enfrentarse los sucesores de Abd al-Rahman I: su hijo Hisham I y Al-Hakam I.
El Califato
A principios del siglo X, el emirato cordobés sufría una grave crisis, cuando llegó al poder Abd al-Rahman III, cuyas victorias militares le otorgaron el prestigio necesario para proclamarse califa, lo que significaba desligarse de toda sumisión al califato de Damasco. Abd al-Rahman III, tras pacificar el territorio de la actual Andalucía, se dedicó a someter a las marcas fronterizas. Su actuación exitosa le posibilitó fortalecer la estructura del Estado. Obtuvo la supremacía religiosa que se sumaba a la política y militar. Reorganizó la recaudación fiscal y centralizó su gestión. Destacó el papel del Hachib (primer ministro) y el de los visires (secretarios). Los impuestos extraídos le permitieron el pago de un potente ejército mercenario formado por bereberes y eslavos. El conjunto de estas acciones convirtió a Al-Ándalus en la potencia hegemónica de la región.
Las Taifas y las Invasiones Bereberes
La debilidad del califato dio lugar a una multitud de pequeños estados independientes. Se creó así un mapa político muy fragmentado, con unas 20 unidades llamadas taifas. Esto reflejaba las profundas divisiones étnicas y políticas de la sociedad andalusí. Estos estados se hallaban enfrentados. Su número se redujo porque los reinos más pequeños fueron absorbidos por los más poderosos. Su debilidad facilitó la intervención de los reinos cristianos; su apoyo o protección tuvo que ser pagado con parias. Los reinos cristianos también aprovecharon la fragmentación para potenciar la Reconquista. Los reyes de las taifas buscaron la ayuda de los Almorávides: eran bereberes del norte de África que profesaban los principios más estrictos del islam. Inspiraron un movimiento político religioso que los llevó a crear un verdadero imperio en el Magreb. En 1086, cruzaron el estrecho y derrotaron a los castellanos en Sagrajas. Iniciaron la ocupación de las taifas. Su avance se frenó en Valencia, conquistada por el Cid. Su dominio se basó en la ocupación militar y en la imposición de una estricta ortodoxia religiosa. Los avances de la conquista cristiana y la impopularidad de algunas medidas adoptadas provocaron la aparición de revueltas contra ellos. Las pocas tropas que tenían en la península no impidieron su derrota y Al-Ándalus se fragmentó en pequeños estados independientes. Aparecieron los segundos reinos de taifas. Almohades: estas nuevas taifas volvieron a pedir ayuda a los bereberes. Se trataba de un movimiento de índole religiosa, pero con aspiraciones de dominio político. La invasión almohade fue lenta y la derrota de las Navas de Tolosa frente al rey castellano marcó el principio de la decadencia en Al-Ándalus. La fragmentación del poder político permitió la aparición de terceros reinos de taifas, entre ellos Murcia, que fueron cayendo en manos cristianas, excepto el reino de Granada.