Análisis del poema "Para que yo me llame" de Ángel González

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“Para que yo me llame”, “Áspero mundo”, ÁNGEL GONZÁLEZ  

I:

El poema pertenece al poemario Áspero mundo (1956), que fue su primer libro de poemas y fruto de la experiencia de guerra de este poeta ovetense. Su obra es una mezcla de intimismo y poesía social con un particular toque irónico y trata asuntos cotidianos con un lenguaje coloquial y urbano. El paso del tiempo y la temática amorosa y cívica son las obsesiones que se repiten en sus poemas melancólicos y optimistas a la vez. Pertenece al grupo de los niños de la guerra o generación del 55 que suele emplear un lenguaje natural y antirretórico y a adoptar un tono reflexivo a partir de la experiencia cotidiana.

T:

Este poema en concreto es una reflexión sobre sus orígenes y se presenta irónicamente como el resultado de una sucesión de vidas, muertes, éxitos y fracasos.

EE:

La métrica es la propia de la silva arromanzada, sucesión de versos endecasílabos y heptasílabos principalmente, aunque podemos encontrar algunos pentasílabos. La rima es asonante en los pares y quedan sueltos los impares.

EI:

Aunque todo el poema responde a una unidad temática, podemos observar dos momentos. El primero va hasta el verso 12 y el poeta reflexiona sobre todo lo que ha tenido que acontecer para que él pueda existir o tener una identidad. Se nombra a sí mismo en el primer verso, algo inusual en la poesía y que rompe, en cierta medida, la barrera normalmente adoptada entre el autor y el yo poético o sujeto lírico. El poeta nos hace considerar en esta parte la ingente cantidad de hombres y mujeres que se han reproducido generación tras generación hasta llegar a él. El segundo momento va del verso 13 al final y en esta parte el poeta se presenta como el resultado como un trayecto o impulso de la materia viva que ha dejado tras de sí “muertos y naufragios”.

  • Visto de este modo, el ser humano no es más que ”lo que queda podrido entre los restos” o “un escombro tenaz”. En esta distancia irónica que manifiesta respecto a sus orígenes, el poeta adopta una perspectiva feísta o tremendista al incidir en lo desagradable y repulsivo como germen de su propia existencia. El resultado es que la vida consigue sobreponerse a los fracasos, porque la especie sigue, pero el individuo como tal es un ser avocado a la muerte, es decir, al fracaso. Visión paradójica, pues, optimista y pesimista a la vez, de la existencia humana.
  • Este contenido se expresa mediante un lenguaje sencillo y natural, cercano incluso a lo coloquial en algún momento (“lo que queda podrido”). Abundan las imágenes relativas a la génesis del ser humano (“viaje milenario”, “pasaje lento”) que nos remiten al tópico de la vida como camino o viaje; y las imágenes relativas a la definición del ser, de su esencia miserable y efímera (“el fruto”, “lo que queda podrido”, “un escombro tenaz”). Acaba con una imagen de gran fuerza expresiva ya que, queda en suspenso mediante la aposiopesis (“la enloquecida fuerza del desaliento...”). También las paradojas se suceden en la segunda parte para destacar la terrible contradicción que supone la existencia humana.
  • El ser para la muerte propio de la visión existencial con que se cierra el poema: "un escombro tenaz que se resiste a su ruina", "que avanza por caminos que no llevan a ningún sitio", "el éxito de todos los fracasos".

C:

Concluimos que el poema es un buen ejemplo de la lírica íntima, reflexiva y de la experiencia. Poesía que incorpora la ironía y el escepticismo con un estilo cuidado y natural, propio de la generación de los años 50 a la que pertenece.