Análisis de La Fundación de Buero Vallejo

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Temas autobiográficos

En la obra hay bastantes elementos autobiográficos, dado que Buero militó durante un tiempo al acabar la Guerra Civil en el Partido Comunista, estuvo encarcelado desde 1936-1946, e incluso condenado a muerte; ayudó al poeta Miguel Hernández a un intento de fuga de la prisión del Conde de Toreno y su padre, militar, había sido asesinado durante la Guerra Civil en Madrid, en concreto en Paracuellos del Jarama, acusado por los republicanos de pertenecer a la “quinta columna”. Sin embargo, la intención de Buero no es hacer del teatro una plataforma para cambiar y revolucionar el mundo, como querían muchos escritores comprometidos, sino mostrar el comportamiento humano ante una situación límite al perder la libertad. Se han hecho varias interpretaciones de la obra:

Sentido político y literal

Una meditación sobre la libertad y la esclavitud; sobre la opresión que los regímenes totalitarios ejercen sobre los individuos que no se pliegan a sus estrictos códigos de comportamiento. Es la interpretación que mayor fuerza cobró en la época de su estreno, cuando el franquismo se encontraba ya en sus postrimerías. La obra se emparentaría con otras de ese momento como En la red de Alfonso Sastre, al denunciar la brutalidad de prácticas como la tortura, la delación, la represión ideológica y la pena de muerte. Buero aboga en su momento por una limitación de la violencia y un rechazo de la crueldad, pero nunca un abandono de la lucha contra lo establecido, contra aquello que supone la alienación del hombre. Se fomenta constantemente la acción y se recuerda el deber de vencer. Los personajes, a pesar de estar recluidos en una prisión, se convencen de la necesidad de acción. La cuestión es si esa acción puede o debe ser violenta y hasta qué punto.

Simbólica y permanente

En una línea existencial podemos considerar que la vida es también una cárcel sórdida e interminable en la que permanecemos secuestrados bajo la amenaza omnipresente de la muerte, a la espera de que el Ser Supremo o el caprichoso azar decidan arrancarnos de este mundo. De esa áspera realidad se evaden los hombres –al igual que Tomás– mediante ensoñaciones; se dejan alienar por bienes de consumo o cosas amables y apetecibles que les hagan olvidar el destino inexorable. El rechazo al mundo exterior produce una ficción por la imaginación, por el trastorno mental o por la alucinación. La Fundación presenta una sociedad y un mundo con los que el autor no está conforme, sometido a fuerzas externas alienadoras que conducirán a sus individuos a la tragedia de la irresolución de su existencia.

Personajes

  • Tomás. Se puede decir que es el protagonista, sobre él recae el peso de la acción, el enfrentamiento ficción/realidad. Se identifica con esos individuos tan característicos del autor que a lo largo de la obra se ven obligados a asumir su/la verdad: Vicente (El tragaluz), Fabio (Diálogo secreto) o Carlos (En la ardiente oscuridad), tras algún acto reprobable. En el momento en que Tomás recuerda y confiesa, se da cuenta –como Adán y Eva– de que le ven cuando usa el retrete; por eso Asel puede diagnosticar entonces “ya está curado”. Por otro lado, Tomás se agrega también a la larga serie de personajes de Buero sometidos a una limitación física –en este caso una especie de locura transitoria– que no obstante actúa como catalizador para someter a los otros personajes a una revisión de su situación en el mundo: recordemos el padre de El tragaluz. Berta es la novia de Tomás que aparece haciéndole una visita en “el trabajo”, pero descubrimos que también es producto de su alucinación, de su locura. Es una especie de Dulcinea del Toboso que existe sólo en su imaginación.

Es un desdoblamiento de su personalidad; y, en efecto, al espectador le llama la atención la frase “aborrezco La Fundación” cuando la representación no ha hecho más que empezar y aún nos encontramos en el mundo idílico de la institución, sin que se pueda sospechar el trastorno de Tomás; supone la primera y más importante ruptura del sistema establecido en su locura.Tulio. Al principio representa la intransigencia, no soporta el seguirle el juego a Tomás; después su personalidad evoluciona a la de un soñador. Max. Detrás del personaje tranquilo y chistoso hay un confidente de los guardias. Muestra su bajeza moral cuando el espectador averigua que se entrega a pequeñas compensaciones de los carceleros a cambio de una traición. Asel. Es la imagen de la tolerancia y comprensión. Reviste su causa de una especial dignidad; su sacrificio al final supone una lección de valor: cuando lo van a interrogar, se suicida. Lino. Evoluciona desde una inhibición apática hasta una acción desesperada y peligrosa, el intento de evasión.

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