Análisis de las Causas de la Guerra Civil Española según Manuel Azaña
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Introducción
El texto es un fragmento de la obra de Manuel Azaña titulada "Causas de la guerra de España", publicada en el exilio francés en 1939, año en que finaliza el conflicto.
M.A., político y escritor, fundó Acción Republicana, partido disuelto por la Dictadura de Primo de Rivera. Ejerció como presidente del Gobierno republicano-socialista y durante su mandato se llevó a cabo la secularización de la vida pública, la amplia reforma militar y la aprobación de la Ley de Reforma Agraria.
En febrero de 1936 volvería a ser jefe de Gobierno con el Frente Popular y en mayo de este mismo año sería nombrado presidente de la República, en sustitución de Niceto Alcalá Zamora. Huido a Francia en 1939, moriría allí al año siguiente.
Idea Principal
La idea principal viene dada por la denuncia que hace Azaña de los graves contrastes existentes en la sociedad española, agravados por las diversas y obsoletas formas de propiedad y explotación de la tierra, que dificultaban y condicionaban la existencia mísera del campesinado, justificando por ello la necesidad del proceso de reforma agraria iniciado por la República durante su primer bienio.
Comentario
El gobierno de la República fue consciente de la necesidad de afrontar de manera inmediata el problema agrario. Ya en el gobierno provisional, Francisco Largo Caballero recibió la cartera de Trabajo, con el cometido de mejorar las condiciones de los campesinos. Para ello procedió a promulgar una serie de decretos de urgencia entre los meses de abril y julio que pudieran ser aplicados durante la cosecha que se avecinaba.
Sin embargo, la resistencia de los patronos a aplicar los decretos seguía siendo tenaz. Como consecuencia, los campesinos se impacientaron, las huelgas aumentaron y en muchas zonas se produjeron graves conflictos con sangrientos enfrentamientos entre los campesinos y las fuerzas de orden público.
En diciembre de 1931, diferentes agrupaciones patronales agrarias, diversas asociaciones de productores, empresarios industriales y financieros, habían constituido la Unión Nacional Económica para la defensa de los intereses de los grandes propietarios. Este frente unido canalizaría la intransigencia de la patronal frente a las reformas, prepararía el boicot a la República y, a la larga, se sumaría a su destrucción.
La oposición a la política del Gobierno iba a ser mayor a partir de marzo de 1932, cuando comenzó a discutirse en las Cortes el proyecto de Ley de Reforma Agraria. Después del fracasado golpe de Sanjurjo en agosto, la Ley quedó aprobada mayoritariamente por las Cortes. Las propiedades de la nobleza quedaban expropiadas sin indemnización. Se creó el Instituto de Reforma Agraria (IRA) para impulsar la reforma.
Conclusión
A modo de conclusión podemos afirmar que la Segunda República había heredado un problema estructural de raíces históricas, una tarea de difícil solución que la depresiva coyuntura económica de los años 30 contribuyó a agravar. La cuestión de la tierra, en un país que seguía siendo abrumadoramente rural, se había convertido en un problema crucial. La persistencia de esta situación de la tierra en pocas manos y la proletarización del campesinado.
La Ley de Reforma Agraria auspiciada por el gobierno republicano-socialista y aprobada por el Parlamento en 1932, desataría grandes expectativas entre los jornaleros más pobres, pero provocaría un gran desasosiego entre todos los propietarios agrarios. El objetivo de la ley no era, sin embargo, un cambio radical de la situación del campo ni una colectivización de la tierra, sino la expropiación de los latifundios y el asentamiento de campesinos. Los resultados de la reforma fueron bastante limitados y conllevaron un considerable aumento de la tensión social. Como causas de este fracaso cabría citar la complejidad técnica de la propia ley, la lentitud y dificultades burocráticas de su aplicación y la resistencia de los propietarios agrícolas, cuya mayoría se aliaría, reforzando la unidad de las fuerzas conservadoras contrarias a la política reformista, con los enemigos de un régimen, la Segunda República, que también acabaría decepcionando a un campesinado que, una vez más, vería frustradas sus aspiraciones de acceso a la propiedad de la tierra.