El Amor Verdadero: Una Historia de Lealtad y Reencuentro Familiar

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La Esencia del Amor

María, hija del señor Pedro, un respetado funcionario de la Empresa GXP2, creció junto a su primo Juan. Juan, un joven inteligente y de buena estatura, era muy querido por el señor Pedro, quien llegó a prometerlo como yerno para su hija. Ambos jóvenes, al escuchar esta promesa y pasar tanto tiempo juntos, vieron cómo su amor florecía día a día.

Un día, un joven funcionario solicitó la mano de María. El señor Pedro, olvidando su antigua promesa, accedió. María se encontró en una encrucijada: elegir entre el amor que sentía por Juan y el respeto que debía a su padre. La pena la consumía, al borde de la desesperación. Juan, por su parte, sintiéndose despechado, decidió abandonar el país para no presenciar la boda de su amada con otro. Inventó un pretexto y comunicó a su tío su partida inminente a la capital.

La Partida y el Desafío

A pesar de los intentos de su tío por disuadirlo, Juan estaba decidido. Su tío, sin poder convencerlo, le obsequió dinero, regalos y organizó una fiesta de despedida. Durante la celebración, Juan, sumido en la desesperación, cavilaba sobre la imposibilidad de su amor, considerando que lo mejor era partir y renunciar a un amor que parecía inalcanzable.

Juan se embarcó una tarde. Tras navegar unas millas, la noche cayó. Pidió al marinero que amarrara la embarcación para descansar, pero el sueño no llegaba. Hacia la medianoche, escuchó pasos que se acercaban. Al incorporarse, preguntó:

- ¿Quién anda ahí, a estas horas de la noche?

- Soy yo, María.

Sorprendido y lleno de felicidad, Juan hizo pasar a María a la embarcación. Ella le confesó que su padre había sido injusto con él y que no podía resignarse a la separación. Temía que Juan, en su desesperación, pudiera llegar al suicidio. Por ello, había desafiado la ira de sus padres y la reprobación social para seguirlo a donde fuera.

Ambos, dichosos, continuaron su viaje hacia Wares.

Cinco Años Después: El Regreso y la Verdad

Pasaron cinco años de felicidad, durante los cuales María dio a luz a dos hijos. Sin embargo, la falta de noticias de su familia comenzó a pesarle a María, quien pensaba cada vez más en su padre. Esta era la única sombra en su felicidad. Ignoraba si sus padres vivían o no, y una noche confió su pena a Juan.

- Eres una buena hija. Han pasado cinco años y es probable que el enfado de tus padres haya disminuido. Volvamos a casa.

María se alegró enormemente y se ofreció a regresar con los niños.

Al llegar la embarcación a la ciudad natal, Juan sugirió a María:

- No sabemos cómo encontraremos a tus padres. Permíteme ir antes a averiguar.

Al divisar la casa familiar, el corazón de Juan latió con fuerza. Vio a su suegro, se arrodilló, hizo una reverencia y pidió perdón. Pedro lo miró asombrado y le dijo:

- ¿De qué hablas? Hace cinco años que María está en cama, sin conciencia. No se ha levantado ni una sola vez.

- No comprendo, dijo Juan, ella está perfectamente sana y nos espera a bordo.

Pedro, desconcertado, envió a dos doncellas a ver a María.

El Milagro del Reencuentro

Las doncellas encontraron a María sentada en la embarcación, bien ataviada y contenta. Maravilladas, regresaron, aumentando el asombro de Pedro.

Mientras tanto, la María enferma había oído las noticias y parecía haberse curado. Sus ojos brillaban con una nueva luz. Se levantó de la cama, se vistió frente al espejo y, sonriendo sin decir una palabra, se dirigió a la embarcación.

La María que estaba a bordo se dirigía hacia la casa. Se encontraron en la orilla. Se abrazaron, sus cuerpos se confundieron y solo quedó una María, joven y bella como siempre. Sus padres se regocijaron, pero ordenaron a los sirvientes mantener silencio para evitar comentarios.

Más de cuarenta años vivieron Juan y María juntos, disfrutando de una felicidad duradera.

Álvaro Úbeda Pérez Nº30 4ºD

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