Nietzsche - Análisis – El crepúsculo de los Ídolos

Enviado por Javi y clasificado en Filosofía y ética

Escrito el en español con un tamaño de 5,87 KB

 

El texto analizado pertenece a la obra “El crepúsculo de los Ídolos” del filósofo alemán Friedrich Wilhelm Nietzsche. En este fragmento, el autor realiza dos críticas a la filosofía de la cultura occidental y extrae de esa crítica cuatro tesis para oponerse a ella.

La época que vivió Nietzsche se caracterizó por una actitud de sospecha que se vio reflejada en numerosas tesis como el marxismo, idealismo, positivismo,… En su filosofía, Nietzsche sospecha de los valores y verdades que rigen la cultura de Occidente, y realiza lo que se conoce como “filosofía a martillazos”: una crítica demoledora contra toda la cultura occidental, y que se centró en tres grandes ramas: moral, religión y filosofía. Ya en el título de la obra de donde se ha extraído el texto, el autor da a entender una de las ideas de lo que va a expresar: el crepúsculo (decadencia, desaparición) de los ídolos (personas, objetos o ideas que se admiran o aman excesivamente).

Para buscar el origen de esta decadencia, Nietzsche lleva a cabo una “mirada retrospectiva” que le lleva hasta los orígenes de la filosofía y a los patriarcas de la cultura de Occidente: la Grecia Clásica.  El autor se da cuenta de que en esa época había un equilibrio entre las dos fuerzas y principios que componen la realidad: el espíritu dionisiaco, que representa los valores de la vida, y el espíritu apolíneo, que identifica los valores de la razón. Ese equilibrio entre lo apolíneo y lo dionisiaco ya no existe en la cultura occidental, y Nietzsche culpa a tres personas de esa pérdida: Eurípides (que eliminó los elementos dionisíacos de la tragedia griega), Sócrates y Platón, base ideológica del cristianismo y de los autores racionalistas. Por tanto, Nietzsche afirma que cometieron un error, y que sus valores están invertidos y no representan los verdaderos valores de la vida y la realidad.

Dado que esos valores heredados a través de los siglos no son válidos, Nietzsche critica toda la cultura de Occidente para intentar depurar esos errores. Esto le lleva a criticar la moral occidental, por considerarla antinatural y antivital, que ensalza valores que en verdad deberían ser despreciados, como el dolor, la debilidad o la pequeñez. La considera una moral propia de siervos, que son obligados a obedecer las normas que le son dictadas. Para acabar con ella, el filósofo propone una “moral de señores” que ensalce valores más vitales como el amor a la vida, la grandeza, el placer, o la liberación de la servidumbre y del dogmatismo. También arremete contra la religión, por considerar que rechaza el mundo material y fomentar la moral de siervos, además de promover la idea de pecado, que considera un insulto para la vida.

Por último, el autor critica a la filosofía, como expone en el texto analizado, por dos razones. Por un lado, critica la escisión que hace Platón de la realidad, creando dos mundos distintos (mundo de las Ideas y mundo de las Cosas) y despreciando el que Nietzsche considera que es el único verdadero: el mundo de las cosas, el mundo material que se rige por las coordenadas espacio-tiempo. Por el otro, rechaza la idea de Dios que tanto emplean los filósofos para expresar lo más imperceptible de la realidad, y que ellos sitúan como lo primero y más importante a pesar de ser lo último y lo más vacío, cometiendo así otro grave error que la humanidad ha tenido que pagar en su Historia.

Ante esta última crítica a la filosofía, Nietzsche extrae cuatro tesis generales que resumen su idea: las razones por las que este mundo se considera aparente son falsas e indemostrables, las características que se atribuyen al mundo de las ideas son propias del no-ser, no tiene sentido la creación de otro mundo imaginario y la división de la realidad es síntoma de decadencia.

Tras esta crítica, el autor se da cuenta de que la cultura de Occidente ha perdido sus cimientos, los pilares que la sostenían. Esta pérdida la denomina con la metáfora “La Muerte de Dios”, y da lugar a la postura Nihilista, en la que el hombre está solo y perdido, lo que Nietzsche llama el “Último hombre”. De esta pérdida de valores y de la identidad, surgen dos posiciones distintas: por un lado, surge la angustia, la soledad y el vacio, y da lugar al existencialismo. Por el otro, la postura que adoptó Nietzsche, una posición creadora y que intenta recomponer y recuperar lo olvidado, creando un hombre nuevo y renovado, lo que Nietzsche denomina un “Superhombre”, que dice sí a la vida, es autónomo, libre y creador de nuevos valores.