La Voluntad de Poder y el Nihilismo: Crítica a la Religión y la Cultura Occidental

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La Crítica a la Religión y la Voluntad de Poder

La religión va unida al concepto de Dios, y este representa una renuncia a la vida. El origen de los dioses y las religiones es una gran dolencia de la voluntad. Cuando un ser humano no puede mandarse a sí mismo, cuando es incapaz de activar plenamente su voluntad de poder, cuando necesita ser mandado, se vuelve creyente. Los creyentes inventan su criatura y luego le rinden culto. Ser creyente es síntoma de decadencia, debilidad y falta de voluntad de poder. No hay necesidad de Dios. Solo los débiles lo necesitan, pues sin él no podrían soportar su existencia. Es una falacia de las consecuencias adversas: la afirmación de su existencia se basa en las consecuencias que la no-existencia de Dios tendría para las vidas de algunos. Los religiosos prefieren la fe que calma, una ficción que tranquiliza, a enfrentarse con la realidad, a convivir con la tragedia del mundo.

La Decadencia de la Cultura Occidental y el Nihilismo Pasivo

La cultura occidental está basada en una mentira, y sus valores hacen referencia a un mundo ficticio. Cuando se descubra esta mentira, la cultura occidental no podrá salvarse al revelarse que su logos no era más que mito. En ese instante se encontrará sin sentido, sin meta. Sujetos indiferentes, de débil voluntad, aburridos, sin capacidad creadora, invadirán la tierra. Gente sin meta ni función. Se producirá la desvalorización de los valores tradicionales; con todo perdido, la cultura tenderá solo a la nada, lo que resultará en el nihilismo pasivo.

El Símbolo del Camello: Obediencia y Resignación

Esto es el resultado de la lógica de los valores e ideales de nuestra cultura, una decadencia fisiológica. Además, el intento de los inferiores de neutralizar a los superiores ha provocado que los pocos superiores pierdan la seguridad en sí mismos y se vuelvan también nihilistas. La cultura acaba huérfana e incapaz de generar individuos superiores. El nihilista pasivo se ve representado en el camello, símbolo de obediencia ciega, sacrificio, resignación y humillación; se arrodilla ante su amo. Ha de ser eliminado.

El Nihilismo Activo y la Muerte de Dios

Aquí interviene el nihilismo activo, la voluntad de poder que destruye los viejos valores, para que el ser humano fuerte esté en condiciones de crear nuevos desde el principio. El nihilista activo es el león, el gran negador, el crítico, el destructor. Él derrumbará los cimientos de la cultura occidental; él será el encargado de anunciar la muerte de Dios. Matar a Dios no significa solo matar al Dios cristiano, sino eliminar todo aquello que provenga de un mundo metafísico: la Razón, la Verdad, el ideal ascético, las costumbres burguesas. La muerte de Dios es la muerte de toda la cultura occidental. Pero el nihilista activo es incapaz de crear nuevos valores, ya que está dominado por la venganza; simplemente pretende ser libre, pero no sabe para qué, ya que todo su pensamiento se dirige a devorar el camello.

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