El Valor de la Vida, la Esperanza y la Expansión del Cristianismo Primitivo
Enviado por Programa Chuletas y clasificado en Religión
Escrito el en
español con un tamaño de 4,61 KB
El Don de la Vida: Responsabilidad y Principios Cristianos
Responsables del don recibido
La vida es un don sagrado que implica una serie de responsabilidades fundamentales:
- Recibirla: Ante todo, la vida se recoge y se agradece en uno mismo y en los demás.
- Conocerla: La vida humana es un desafío constante al pensamiento humano, invitándonos a profundizar en su misterio y valor.
- Cuidarla: Esto supone crear unas condiciones sociales que permitan a todos llevar una vida digna y atender adecuadamente a la salud de las personas.
- Promoverla: No basta con cuidar la vida que ya existe; es necesario fomentar las condiciones para que florezca en todas sus dimensiones.
- Defenderla: En muchas ocasiones y de muchas maneras, la vida se ve amenazada, y es nuestro deber protegerla.
Principios generales sobre la vida
La moral cristiana se rige por los siguientes principios en cuanto al respeto a la vida:
- No matarás: El respeto a la vida humana es el principio más general y fundamental.
- Más allá de la ley del talión: El principio de “ojo por ojo y diente por diente” no se puede aplicar porque desencadena una espiral de violencia sin fin.
- Se deben procurar las mejores condiciones posibles en cada caso para el desarrollo de la vida humana.
- La vida humana tiene un valor en sí misma que no depende de las circunstancias en las que se desarrolle.
- La persona no es dueña absoluta de su vida ni de la de los demás.
- La vida humana comienza en el momento de la concepción.
Agresiones contra la vida humana
Existen múltiples formas de atentar contra la dignidad y la integridad de la vida, entre ellas:
- La guerra
- El terrorismo
- Las condiciones inhumanas de vida
- La tortura
- Los atentados contra la propia salud
- Las diversas formas de violencia
- La conducción temeraria
Interrupciones voluntarias de la vida
Actos que terminan deliberadamente con una vida humana:
- Aborto voluntario
- Pena de muerte
- Asesinato
- Suicidio
La Expansión del Cristianismo en el Siglo I: De Jerusalén a Roma
Los primeros cristianos eran conscientes de que el Evangelio había que propagarlo. Por eso, elegían a algunos miembros de la comunidad, les imponían las manos y los enviaban a otros lugares. Los misioneros provenían de la religión judía y acudían a las sinagogas para anunciar el Evangelio y apoyar su predicación en lo que decían los profetas.
El primer núcleo cristiano tuvo su centro en Jerusalén. Después, llegaron a Fenicia, Chipre y Antioquía, donde se formó una importante y activa comunidad cristiana. En esta ciudad fue donde se empezó a llamar cristianos a los discípulos de Jesús. La acción de Pablo y Bernabé, entre otros, hizo que el cristianismo se extendiera por toda Asia Menor y las ciudades griegas. Finalmente, en la capital del Imperio, Roma, había una importante e influyente comunidad cristiana.
La Esperanza Cristiana y el Papel de María
La virtud de la esperanza
La virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todos los hombres; protege del desaliento, huye del egoísmo y abre el corazón a las necesidades de los demás. La esperanza es aguardar confiadamente la bendición de Dios y el encuentro con Él; es también el temor de ofenderle y provocar su castigo.
La esperanza cristiana es la virtud por la que aspiramos al Reino de los Cielos y a la vida eterna. La verdadera esperanza es siempre activa. El futuro es para nosotros y no puede realizarse sin nosotros. La esperanza es paciente. Como decía el apóstol Pablo, hay que esperar contra toda esperanza porque “Dios tiene poder para cumplir sus promesas”.
María, éxito de la creación de Dios
María está en el punto de llegada. Nos ayuda a vivir el “hasta que Él venga”, nos obliga a peregrinar con la mirada fija hacia el cielo, donde ella nos aventaja y nos espera. María nos llama incesantemente a vivir aquí en la tierra la vida del cielo y a familiarizarnos con este mundo, a la vez tan próximo porque está ya con nosotros y tan lejano para nosotros porque lo olvidamos sin cesar y no lo sabemos comprender.