Variedades Lingüísticas del Español: Diferencias y la Importancia de la Norma Culta
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Diferencias entre las Lenguas Especiales y otras Variedades Lingüísticas
Con el fin de situar las lenguas especiales, señalaremos las diferencias entre ellas y otras variedades lingüísticas con las que generalmente se relacionan.
Tipos de Variedades Lingüísticas y su Relación con las Lenguas Especiales
Los dialectos
Como por ejemplo: el asturiano, aragonés, andaluz, canario, etc., son variedades lingüísticas relacionadas con la distribución geográfica de los hablantes. Las lenguas especiales se distinguen de los dialectos en que estos poseen su propia fonética, su morfología, su sintaxis y su léxico propios; son, en definitiva, sistemas lingüísticos completos. Las lenguas especiales, por el contrario, se limitan principalmente al léxico; son, pues, parásitos de la lengua histórica en la que se desarrollan. Los dialectos pueden desarrollarse cuantitativamente y llegar a convertirse en lengua oficial y de cultura de una comunidad. Por su parte, las lenguas especiales, a pesar de su denominación, no son lenguas, ni siquiera como posibilidad embrionaria.
Los niveles de lengua
Como por ejemplo: lenguaje culto, medio, vulgar, son variedades lingüísticas relacionadas con la estratificación social de los hablantes. Los niveles de lengua identifican grupos sociales definidos en virtud de un criterio sociológico vertical. Las lenguas especiales, por su parte, hacen referencia a grupos sociales y ámbitos culturales distintos, definidos en virtud de un criterio sociológico horizontal.
Los estilos de lengua
Como por ejemplo: lenguaje solemne, usual, familiar, son variedades lingüísticas relacionadas con la situación de uso del lenguaje. Los estilos de lengua, pues, no tienen en cuenta los grupos sociales, sino que se refieren a actitudes psicológicas del hablante individual ante las distintas situaciones de su entorno.
La Norma Culta del Español
La norma culta es el conjunto de usos que la comunidad de hablantes ha ido adoptando a lo largo del tiempo, considerándolos preferibles a otros que, aunque posibles, resultan ser menos aceptados. La existencia de la norma es, por tanto, una necesidad marcada por el devenir de los tiempos.
Historia y Evolución de la Norma Lingüística
Alfonso X el Sabio, ya en el siglo XIII, se vio obligado a elegir unos términos en favor de otros a la hora de traducir las obras clásicas (Escuela de Traductores de Toledo). Es decir, fijó las primeras reglas, por lo que se le considera el primer académico antes de la existencia de la Real Academia Española. Posteriormente, la Gramática de Nebrija (1492) y, después, la codificación por los gramáticos del siglo XVII (Correas), enriquecida por los grandes autores clásicos (Cervantes, Lope, Quevedo, Góngora, etc.), contribuyeron a su desarrollo.
La historia moderna de la norma lingüística se inicia con la creación de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) en 1714. Esta institución es la encargada de velar por la unidad, vitalidad y pureza del idioma, bajo su lema: “Limpia, fija y da esplendor”.
La Norma Culta como Variedad Estándar
La norma culta es sinónimo de Variedad Estándar: la lengua que todos empleamos o aspiramos a emplear cuando sentimos la necesidad de expresarnos con corrección. Es la lengua que se enseña en las escuelas, la que emplean los medios de comunicación, la lengua de los ensayos, etc. Es, en definitiva, la que configura la norma, el código compartido que hace posible que los hablantes se entiendan sin dificultad y se reconozcan como miembros de una misma comunidad lingüística.
Esta norma culta consiste, básicamente, en el respeto a las reglas fónicas, morfológicas, léxicas y semánticas comunes a todos los hispanohablantes. Su respeto es, por ello, un elemento esencial para conseguir la homogeneización del castellano.