Vanguardias Escultóricas y Evolución del Cine: De Pevsner a Hitchcock
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Antoine Pevsner (1888-1962)
Escultor de origen ruso nacionalizado francés, entró en contacto con la vanguardia parisina. En 1920, publicó junto con su hermano, Naum Gabo, el Manifiesto Realista, donde afirmaron que el arte tiene un valor absolutamente independiente y una función que desempeñar en la sociedad, ya sea capitalista, socialista o comunista, dejando clara su postura frente al constructivismo y al suprematismo. Trataron de traducir sus conceptos de una realidad absoluta y esencial en la realización de sus percepciones del mundo, en las formas de espacio y tiempo.
Sus concepciones fueron en contra de la escultura tradicional por el uso de materiales poco habituales como el vidrio, el metal, el cemento, los plásticos y celuloides. Gracias a estos materiales, investigaron las posibilidades expresivas del vacío como elemento configurador de las composiciones tridimensionales. Son una especie de esqueletos cubiertos por hilos metálicos que, aparentemente, encierran el espacio. También encontraron en el empleo de materiales transparentes una forma de no interponerse en la continuidad del espacio, sino de modular la luz a través de reflejos y cierta translucidez. Pevsner afirmaba que en su obra se producía una “liberación general del peso”.
Principios de la nueva escultura
El material fue uno de los condicionantes fundamentales de la obra tanto de Pevsner como de Gabo, lo que les sirvió para reclamar una nueva forma de enfrentarse a la escultura a través de tres ideas básicas:
- Obra única: La obra seriada en bronce a partir de un modelo realizado por el artista debe acabar.
- Autoría integral: Los artesanos no deben finalizar la obra de otro artista; una obra única debe realizarse de principio a fin por manos y mente igualmente únicas.
- Realismo tridimensional: Dado el carácter tridimensional de la escultura, no se deben planificar las piezas usando técnicas bidimensionales que no reflejan la realidad del medio.
Otra de sus preocupaciones fue la plasmación del movimiento a través de un dinamismo de líneas que crean curvas y recorridos envolventes. A pesar de la vanguardia, a Pevsner se le ha considerado un clásico por la lógica, el rigor, la reflexión, el cálculo, la sobriedad y la mesura que transpira su obra. Sus creaciones son muestras casi poéticas de una geometría musical que va directamente hacia lo infinito y lo absoluto.
Henry Moore (1898-1986)
El escultor británico Henry Moore ha sido una de las figuras más significativas del siglo XX. Su obra empezó a ser reconocida en los años 30, pero fue después de la Segunda Guerra Mundial cuando alcanzó un auténtico prestigio mundial. La figura humana femenina fue su motivo predilecto, y en su producción aparece de forma recurrente el tema de la madre y el hijo, y el de la figura reclinada, que en muchas ocasiones parece convertirse en paisajes de corte surrealista.
El tratamiento formal que aplica a sus obras, muchas de ellas concebidas para su ubicación en exteriores y de carácter monumental, se sitúa entre lo figurativo y la abstracción. Muestra un especial interés en las formas escultóricas precolombinas y preclásicas. Para Moore, esas formas muestran con honestidad las esperanzas, los sentimientos y las ideas de quienes las realizaron. Otra de sus fuentes de inspiración es la propia naturaleza, moldeando elementos como conchas, caparazones, guijarros, huesos y, en especial, piedras con perfiles suavizados por la erosión, otorgando a sus obras un carácter orgánico muy fuerte. Destaca su respeto por la relación entre opuestos: masa y vacío, espacio interior y exterior.
Género de suspense
Se trata de un tipo de películas cuyo principal ingrediente es un recurso que mantiene al espectador en un estado de ansiedad durante el desarrollo de la historia. Alfred Hitchcock (1899-1980) es el principal exponente de este género, considerado el “maestro del suspense”. Se mantuvo fiel al cine de intriga criminal que juega con las emociones y los sentimientos del espectador. Destaca por el ingenio, la técnica cinematográfica y su afición a lo macabro y a lo escalofriante. Se sirve de múltiples elementos visuales y psicológicos para mantener al público subyugado, utilizando la intriga para poner en escena situaciones dramáticas donde los seres humanos luchan contra el mal, incluido el que cada uno lleva dentro. De esta época destacan títulos como Rebeca (1940), Sospecha (1941) y La sombra de una duda (1943).
La comedia ácida
Se basa en el humor negro, que se ejerce a propósito de situaciones que suscitarían piedad, terror, lástima o emociones parecidas. Cuestiona situaciones sociales serias mediante la sátira. El asunto más recurrente es la muerte y todo lo relacionado con ella, temas oscuros y dolorosos que suelen ser controvertidos por su relación con la moral. En este contexto, el horror del nazismo sirvió de excusa para crear dos de las mejores comedias de todos los tiempos:
- El gran dictador (Charlie Chaplin, 1940): Parodia de Hitler que contiene un discurso democrático y pacifista. Narra la historia de un barbero judío que, tras sufrir amnesia, se encuentra con un mundo cambiado bajo la tiranía de Hynkel. Tras una serie de enredos, el barbero termina pronunciando un discurso en favor de la paz y la democracia.
- Ser o no ser (Ernst Lubitsch, 1942): La mejor comedia del director, donde el humor y la parodia son el fundamento para la crítica política del nazismo. Un matrimonio de actores en la Varsovia de los años 30 se ve envuelto en un enredo con espías nazis, logrando finalmente escapar a Suecia tras una serie de situaciones cómicas y dramáticas.