Las Vanguardias Artísticas: Transformación y Ruptura en el Arte Moderno
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1. Los Movimientos de Vanguardia
Los movimientos de vanguardia consisten en una serie de manifestaciones artísticas diferenciadas. Comparten la voluntad de romper con la tradición artística y el modelo burgués de cultura, impulsados por el afán de investigación y de experimentación para construir un lenguaje que permitiera reflejar la vida moderna. En este énfasis por la modernidad, existía una conciencia aguda de la ruptura que la sociedad industrial había representado en la historia de la humanidad.
1.1. El Cubismo o una nueva interpretación del espacio
El Cubismo abre las vanguardias. Desarrollado entre 1907 y 1914, sus orígenes se remontan a los años 1906-1907, cuando Picasso inaugura, con el cuadro Las señoritas de Avignon, una manera de entender la representación del espacio. El cubismo rechaza la copia directa de la realidad; su objetivo es representar la estructura por medio de un lenguaje formal geometrizante.
1.2. El Futurismo o la exaltación indiscriminada de la vida moderna
El Futurismo se conoce gracias al poeta italiano Marinetti. En el primer manifiesto futurista de 1909, se exaltaban las innovaciones de la sociedad industrial. En el campo más literario, Marinetti proponía un medio de expresión denominado "las palabras en libertad", que tenía como finalidad la destrucción del discurso tradicional, de la sintaxis y la eliminación de la puntuación. Tenían como objetivo obtener imágenes y asociaciones audaces y violentas que debían contribuir a destruir las formas y los temas de la tradición literaria.
1.3. El Dadaísmo o la negación de todo
Dadá es el nombre de un grupo nacido en Zúrich en torno al poeta Tristan Tzara. En el terreno intelectual, reflejaba el desorden existente en el ámbito social y político de la Primera Guerra Mundial. Los dadaístas atacaron los fundamentos de la sociedad occidental mediante el absurdo, el azar, el subconsciente y el humor. Reivindicaban la destrucción por la destrucción como una manera de crear confusión. Los dadaístas compartían un deseo de liberación mental llevado más allá de la lógica, de la moral y del buen gusto, un espíritu que posteriormente se prolongó en el surrealismo.