Vanguardias Artísticas de Finales del Siglo XIX: Divisionismo, Simbolismo y Postimpresionismo
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Movimientos vanguardistas de finales del siglo XIX
Divisionismo (o Neoimpresionismo)
Precedentes: Se sitúan en el impresionismo. De hecho, se puede utilizar el término neoimpresionismo o puntillismo (aunque este último es menos preciso).
Características: Se basa en la fragmentación sistemática de la pincelada. Es un método científico por el que cada quantum cromático provoca una vibración en la retina del espectador, asegurando así la máxima luminosidad y pureza del color.
Evolución: Fue practicado en sus inicios por Camille Pissarro, pero fue desarrollado principalmente por Paul Signac (Puerto de Marsella) y Georges Seurat (Un domingo por la tarde en la isla de la Grande Jatte).
Simbolismo
Precedentes: Es un movimiento paralelo al impresionismo que surgió en 1879. Jean Moréas publicó el Manifiesto simbolista en 1886. En el fondo, consiste en una reacción antiimpresionista a través de una línea más conceptual.
Características: La nueva estética simbolista se inspiró en el sueño y en el misterio metafísico, donde cada forma es un símbolo de una idea superior.
Evolución: Comparte estética con poetas como Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud. Entre sus más importantes artistas destacaron Odilon Redon (Ojos cerrados) y Gustave Moreau (Júpiter y Sémele).
Postimpresionismo
Consiste en una reacción antiimpresionista que, a diferencia de otras, busca una continuación de la investigación pictórica.
Vincent van Gogh
Partió de una concepción casi mecánica de la pintura, identificando al pintor con un obrero. Su objetivo era superar la frialdad del impresionismo. Su obra evolucionó desde una etapa realista hasta una estética muy particular que le ha convertido en un genio de la pintura, expresándose con el grosor y la pasta de su pincelada, con la que creaba perspectiva, como se aprecia en El sembrador. Fue pintor de interiores, como en El café de noche o El dormitorio; también de retratos simbólicos, como La arlesiana y sus autorretratos; y de paisajes de gran intensidad emocional y simbólica, como en La noche estrellada.
Henri de Toulouse-Lautrec
Mostraba importantes diferencias con el impresionismo, como demuestra su predominio de la línea y la poca atención que prestó al paisaje. Estuvo muy influenciado por la estampa japonesa. Algunas de sus obras más significativas son Ensayo con las nuevas y La Toilette.
Paul Gauguin
Creó junto a Émile Bernard el cloisonnisme, un estilo artístico de colores planos que rellenan delimitaciones realizadas por líneas gruesas, similar a una vidriera o un esmalte, técnica en la que se inspiró. Esto se manifiesta claramente en su obra El Cristo amarillo. También es muy interesante su etapa en Tahití, de la que dejó obras de fuerte simbolismo, entre las que destaca Manao Tupapau.
Paul Cézanne
Recuperó la forma y, sobre todo, el volumen, pero no mediante el color (de hecho, a menudo dejaba partes del lienzo sin pintar), sino a través de la geometrización de las formas, utilizando como modelos el cilindro, el cono y la esfera. Esto le convierte en un precursor del cubismo (precubista). Una de sus obras más significativas es Madame Cézanne en el invernadero, sin olvidar otras como Tejados rojos.