El Universo Mecanicista de Descartes: La Metáfora del Reloj Universal

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El mundo mecanicista en Descartes y la metáfora del reloj

René Descartes fue un destacado filósofo, matemático y físico francés. Su mayor aportación a la física, conocida en su época como filosofía natural, fue la formulación de un modelo explicativo del universo según el cual todo lo que existe —excepto el alma humana— puede reducirse a materia en movimiento. Este modelo recibe el nombre de modelo mecanicista; si bien Descartes es considerado su padre intelectual, sus raíces ya estaban presentes en la tradición griega.

La metáfora del reloj en el siglo XVII

En la descripción que hace Descartes del mecanicismo, la metáfora de referencia la constituye el reloj, una máquina fascinante y representativa del siglo XVII. Un reloj consta básicamente de materia en movimiento: engranajes, ruedas dentadas y piezas que transmiten el impulso unas a otras.

Este mismo principio se aplica al universo:

  • Materia: Los planetas actúan como piezas de un engranaje.
  • Movimiento: Se transmite desde las órbitas exteriores a las interiores.
  • Leyes matemáticas: El sistema no es aleatorio ni arbitrario, sino que está regido por leyes perfectamente determinadas.

Así, Descartes concibe el universo —más concretamente la parte extensa del mismo— como un gigantesco mecanismo de relojería.

Dios como el Relojero Universal

¿Quién construye y pone en marcha el reloj? En este caso, la respuesta es obvia: el relojero. En el caso del universo, Descartes deposita en Dios el papel de relojero universal. Desde el punto de vista mecanicista, la función de Dios no es solo la creación de las sustancias finitas, sino también la instauración del movimiento y de las leyes que determinan su relación.

Diferencias entre el universo y el reloj humano

¿En qué se diferencian entonces el universo y un reloj? La distinción radica en la perfección:

  • El reloj humano: Es obra de los hombres y, por muy perfecto que sea, con el tiempo puede adelantarse o atrasarse.
  • El universo divino: Como Descartes concibe a Dios como la perfección en grado infinito, aquello creado por Él también ha de serlo.

Conclusión

Tras el acto de creación, el universo, sometido a leyes inexorables, perfectas e inalterables, produce el cosmos que conocemos. Un cosmos comparable con un reloj, cuya diferencia básica frente a la máquina humana es su perfección absoluta.

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