Unificación de Italia y Alemania: La Construcción de Naciones en el Siglo XIX

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La Unificación Italiana: Consolidación del Reino

A remolque del proceso de unificación alemana, la cuestión del Véneto se resolverá en 1866, por la Paz de Viena, en la cual Italia recuperaba Venecia.

El problema de los Estados Pontificios fue más complicado. Francia no estaba dispuesta a consentir que se incorporasen al recién creado reino de Italia, y estableció una importante guarnición en Roma para proteger al Papa. Cuando estalla la Guerra Franco-Prusiana en 1870 y se produce la derrota francesa en Sedán, los italianos ocupan Roma. En 1871, Víctor Manuel II entra en Roma como rey de Italia y establece allí la capital del nuevo reino. El proceso de unificación italiano había concluido.

La Unificación de Alemania: De la Confederación al Imperio

El nacionalismo romántico alemán no llegó a cuajar en ninguna realización política duradera. Sin embargo, las circunstancias económicas permitieron una serie de procesos que finalmente harían posible la unificación.

Impulso Económico y Social

El principal impulso lo dio la política económica de Prusia, que quería hacer frente a la afluencia masiva de productos ingleses para proteger su desarrollo económico, que se veía también dificultado por las aduanas interiores entre los Estados de la Confederación Germánica, las cuales dificultaban el comercio y reducían su mercado.

En 1834 se constituye una unión aduanera bajo el patrocinio de Prusia, el Zollverein. Esta unión estará formada por la mayoría de los estados alemanes, pero de ella quedará excluida Austria. La creación de este mercado amplio y protegido posibilita un mayor desarrollo industrial, lo cual ayudará al surgimiento de una importante burguesía de negocios, que promoverá una evolución política hacia las formas más liberales. También nacerá en las grandes ciudades una clase obrera, que planteará reivindicaciones políticas y laborales.

Ambos grupos se radicalizarán en sus planteamientos a raíz de la crisis económica de 1846-1847, llegando así al estallido revolucionario de 1848. Los obreros exigen el fin de los privilegios y las desigualdades sociales, y la burguesía reclama regímenes liberales y constitucionales. Los gobiernos de Austria y Prusia reaccionarán rápidamente, consiguiendo frenar los intentos revolucionarios y atrayéndose a la burguesía, la cual prefería renunciar al poder político a cambio de la seguridad de sus intereses económicos.

Intentos Unificadores y el Papel de Prusia

El Parlamento de Fráncfort también realizó un intento unificador, pero esta iniciativa se bloqueó debido a las diferencias entre los partidarios de la Pequeña Alemania, encabezados por Prusia (que excluían a Austria), y los partidarios de la Gran Alemania, encabezados por Austria. Prusia aprovechó el fracaso revolucionario para imponer su política económica.

Otto von Bismarck, Canciller de Prusia desde 1862, será el artífice de la unidad alemana. Abordará el proceso unificador con una política realista, bajo el único criterio de la razón de Estado.

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