El Turnismo de la Restauración Borbónica en España
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La Viñeta Satírica "El Buñuelo"
Esta viñeta satírica, publicada en la revista “El Buñuelo” el 20 de septiembre de 1880, constituye una fuente histórica contextualizada en el turnismo del sistema de la Restauración Borbónica durante el reinado de Alfonso XII. Su contenido es político y de naturaleza subjetiva, ya que busca satirizar y criticar dicho sistema.
La imagen hace referencia al sistema de la Restauración Borbónica ideado por Cánovas del Castillo y al bipartidismo. En ella aparece representada una antigua noria movida por un caballo, de la que, en lugar de agua, sale repetidamente la imagen de Cánovas del Castillo. Esta situación simboliza el sistema bipartidista donde siempre se repiten los mismos nombres y rostros en el poder. El entorno es un paisaje plenamente rural con un molino de viento al fondo, una imagen típica del campo español en situación preindustrial. La viñeta intenta transmitir la idea de la repetición constante de las figuras políticas, centrada en Cánovas del Castillo (líder del Partido Conservador), quien se mantuvo en el poder hasta 1881 y fue el personaje principal del sistema de la Restauración. La finalidad es satirizar sobre el sistema y el turno pacífico.
Contexto Histórico: La Restauración Borbónica
El contexto histórico se encuadra dentro de la Restauración Borbónica, que comienza en 1874 y se extenderá, con dificultades, hasta el primer tercio del siglo XX. El restablecimiento de la monarquía borbónica supuso la implantación en España de un sistema liberal y conservador, pero no democrático.
Antonio Cánovas del Castillo y el Retorno de la Monarquía
Uno de sus principales artífices fue Antonio Cánovas del Castillo, político procedente de la Unión Liberal que lideró el Partido Alfonsino durante el Sexenio Democrático. Consiguió atraer a las élites políticas y sociales contrarias al absolutismo y al republicanismo, y preparó el retorno de los Borbones. En 1870 logró la renuncia de Isabel II al trono español a favor de su hijo Alfonso, quien en 1874 firmó el Manifiesto de Sandhurst, aceptando ser rey de España. El regreso de los Borbones se produjo tras el pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto el 29 de diciembre de 1874. El 9 de enero de 1875, el joven rey entró en España por Barcelona y el día 14 llegaba a Madrid.
Entre 1875 y 1880, Cánovas asumió el gobierno para controlar el nuevo régimen y abrirlo a los sectores desencantados de la inestabilidad política del Sexenio y a los carlistas más moderados.
El Bipartidismo y la Constitución de 1876
Para asegurar la estabilidad de la Restauración, Cánovas diseñó un régimen bipartidista inspirado en el modelo inglés. Los dos grandes partidos que aglutinaron a las diferentes fuerzas políticas fueron el Partido Conservador, dirigido por el mismo Cánovas del Castillo, y el Partido Liberal, presidido por Sagasta.
El régimen de la Restauración se basó en una nueva Constitución promulgada en 1876, que permaneció en vigor hasta 1931, aunque fue suspendida y vulnerada varias veces. Esta Constitución buscaba garantizar la consolidación de la monarquía restaurada y construir un sistema político de orden, autoritario y muy centralizado. Se recortaron muchas libertades, como la de expresión o la de imprenta.
Durante este periodo también se concluyeron el conflicto carlista y la Guerra Larga de Cuba con la firma de la Paz de Zanjón (1878).
El Turno Pacífico y el Caciquismo
El sistema se consolidó con el turno efectivo tras la etapa liberal bajo el gobierno de Sagasta de 1881 a 1883. Para garantizar la continuidad del sistema tras la muerte de Alfonso XII, se firmó el Pacto de El Pardo (1885), por el que Sagasta y Cánovas se comprometieron a apoyar la regencia para defender la monarquía y aceptaron continuar el turno pacífico en el poder.
El turno pacífico se apoyaba en un sistema electoral corrupto en el que los dos grandes partidos acordaban los resultados electorales. El mecanismo era el siguiente: cuando un presidente del Gobierno dimitía, el rey encargaba la formación de un nuevo gobierno al líder de la oposición, quien disolvía las Cortes y convocaba unas elecciones. Estas elecciones siempre las ganaba por mayoría absoluta, ya que las organizaba desde el Ministerio de la Gobernación con la colaboración de los alcaldes, los gobernadores civiles y los caciques de los pueblos y de las ciudades.
El hecho de que se turnaran solo dos partidos en el poder significó que quedaran excluidas del sistema diferentes opciones políticas, como los republicanos, los movimientos obreros y los nacionalismos.