Trastornos del apego en la infancia: tipos, causas y consecuencias

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Trastornos del apego

Trastornos del apego: cuando los lazos entre cuidador y niño no logran cubrir las necesidades de este último, se producen alteraciones o trastornos del vínculo de apego.

El niño, al no ver satisfechas sus necesidades, entra en un estado de ansiedad que lo impulsa a buscar en su cuidador aquella carencia que éste mismo le ha generado por su incompetencia parental. Cabe destacar que estos trastornos se vinculan generalmente con los maltratos hacia el pequeño, tal como afirman Barudy y Dantagnan: en los malos tratos siempre se producen trastornos de apego.

Dichos trastornos acarrean consecuencias en el futuro comportamiento de los niños, tanto a nivel escolar como a nivel relacional. Perjudican gravemente las capacidades que estos poseen para vincularse de manera positiva con el resto de las personas (Barudy y Dantagnan, 2005).

En los apegos disfuncionales, lo que falla básicamente es el establecimiento de la seguridad de base. En el momento de la interiorización de la figura de apego se crea una imagen de ésta que no proporciona la serenidad necesaria, destacándose por mostrarse como cuidadores inaccesibles, contradictorios o hostiles.

El niño, en su necesidad de sentirse a salvo, creará distintas estrategias adaptativas para alcanzar una pseudo-seguridad.

Tipología del trastorno del apego

A partir de la clasificación realizada por Dantagnan es posible distinguir tres tipos de apego disfuncional, en donde se sitúan las diferentes estrategias utilizadas por los niños frente a las distintas interiorizaciones de sus figuras y los mecanismos que emplean para protegerse de las negligencias parentales.

1. Apego inseguro evitativo

Dentro de este grupo se encuentran los niños que utilizan como mecanismo de autoprotección el evitar o inhibir los elementos conductuales que buscan la proximidad con su figura de apego. Las respuestas de dichas figuras suelen generar estrés, angustia y dolor, además de no satisfacer sus necesidades afectivas; por ello, para evitar dicha tensión o la falta de respuesta ante sus requerimientos emocionales, el niño inhibe la prueba de cercanía hacia esa figura.

2. Apego inseguro ansioso-ambivalente

En este tipo de apego, la estrategia que toma el niño para obtener una pseudo-seguridad es aumentar las conductas de apego (llorar, gritar, llamar, entre otras). Esta estrategia surge por las características que presentan los padres o cuidadores, quienes han fallado en satisfacer las necesidades emocionales y físicas del bebé al ignorarlas por periodos prolongados de tiempo. La figura cuidadora está ausente emocional, física y psicológicamente, mostrándose incoherente, variable e impredecible, lo que provoca en el niño una sensación de incertidumbre: éste no sabe cómo ni cuándo vendrá su madre o cuidador a satisfacer sus necesidades, debido al carácter cambiante de las respuestas tanto en intensidad como en contenido.

3. Apego desorganizado / desapegado

Como resultado de la ausencia de relaciones afectivas duraderas y continuas en el tiempo —denominado síndrome del peloteo (Barudy y Dantagnan)— los niños que van constantemente de una casa a otra no pueden crear relaciones de apego selectivas. El niño no es capaz de fundar relaciones afectivas profundas, ya que sus habilidades y capacidades para vincularse y construir relaciones estables se encuentran agotadas o anuladas. Esta categoría se distingue en dos subdivisiones:

A) Inhibido

Son niños que muestran poco afecto e interés por las relaciones de corte social, replegándose sobre sí mismos la mayor parte del tiempo. Pueden manifestar comportamientos que asemejan rasgos autistas sin serlo, lo que muchas veces provoca diagnósticos erróneos que los estigmatizan de por vida.

B) Desinhibido o indiscriminado

Niños con este tipo de apego frecuentemente son aquellos que han vivido desde temprana edad en instituciones de acogida. Se caracterizan por mostrar un afecto confuso y con poco criterio hacia los extraños; las relaciones poseen escaso valor e importancia y son más bien de carácter funcional, por lo cual les resulta difícil establecer relaciones afectivas significativas.

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