La trascendencia de Nada de Carmen Laforet: Un hito en la narrativa de posguerra
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La trascendencia de Nada de Carmen Laforet: Un hito en la narrativa de posguerra
La publicación de Nada, de Carmen Laforet, en 1945, supuso un cambio radical para la narrativa española. La Guerra Civil había provocado novelas de escasa calidad literaria, que presentaban el lado heroico del conflicto. En ese momento, Carmen Laforet obtuvo el primer Premio Nadal. Nada es una novela intimista que muestra la aventura de una joven que intenta buscar su lugar en el mundo, en la Barcelona de posguerra. Trata temas del existencialismo como el pesimismo existencial, el sinsentido de la vida y la soledad profunda del ser humano, que impregnan la atmósfera vital de la novela a través de unos personajes sin rumbo. Es la primera novela española que se sitúa en un marco coetáneo, el de la posguerra. Además, en la obra aparecen similitudes entre la vida de Andrea y la de la propia autora, como la edad, el viaje a Barcelona para estudiar, las amistades que conocen y el regreso a Madrid.
Innovación estilística y temática
A pesar de tratarse de su primera obra, Carmen Laforet consigue una novela rica en matices y muy apegada a la tradición española del expresionismo. Aprovecha la técnica de claroscuros, que le permite pintar espacios y personajes con pinceladas gruesas para destacar las impresiones que le producen: espanto, asco o asfixia. El ambiente de la casa de la calle Aribau representa la decadencia de la posguerra, en contraste con el que experimenta Andrea con su amiga Ena en la universidad, que simboliza el progreso y la liberación.
La subjetividad como pilar narrativo
Uno de los elementos de la novela que más llamó la atención del jurado y que constituye la base de su originalidad reside en que la historia no se compone básicamente de acciones, sino de impresiones. El mundo entero se nos presenta a través de los sentidos de Andrea, la narradora en primera persona, que emplea sus sensaciones y sus sentimientos para mostrarnos el camino que recorre mientras intenta encontrar el sentido a la vida. Andrea es capaz de guiarnos por el siniestro mundo de esa casa mediante el uso de los colores. Todo lo percibimos a través de Andrea, así que nuestra información es parcial y ambigua, como ocurre en la realidad. Nunca sabremos qué ocurrió de verdad entre Gloria y Román en su viaje a la casa, o cuál fue la relación entre Angustias y don Jerónimo. La narradora solo tiene acceso limitado a los hechos y no sabemos si los personajes le están contando una mentira o una verdad. Sin embargo, esta indeterminación es una de las mayores virtudes de la obra porque permite que el lector reconstruya a su gusto lo ocurrido a partir de los datos que se le ofrecen y porque mantiene durante todo el relato la sensación de misterio.
El legado de Nada
De la nada que se llevó de la calle Aribau, extrajo una sabiduría terrible: la de los españoles derrotados que sufrieron el hambre y la pobreza, y también la locura. Todo ello explica el título de la obra. Nada constituye una novedad tan sorprendente en su tiempo que marcó la novela que se escribió durante los años posteriores y abrió la vertiente existencialista de la posguerra española. Además de su valor histórico, su atractivo literario permanece intacto.