La Transmutación de los Valores: Crítica Nietzscheana a la Moral Cristiana y la Decadencia Occidental

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La Crítica Nietzscheana a la Moral y al Cristianismo

La crítica al cristianismo de Nietzsche se basa en que es una religión que se ha dedicado a negar la vida, con su negación sistemática de los sentidos y los instintos. Representa una enfermedad para la vida porque pervierte al ser humano. Según Nietzsche, un animal está pervertido «cuando pierde sus instintos, cuando escoge, cuando prefiere aquello que le es nocivo». El cristianismo defiende todo aquello que es nocivo para el ser humano. Predica una moral de mansedumbre y sumisión, diciendo que esta moral es la única que será premiada en el más allá.

El cristianismo introduce, además, el concepto de pecado que «es un crimen contra la vida», ya que considera pecado todos los valores y placeres vitales. En su análisis de la conciencia moral, Nietzsche recuerda a Freud. Los instintos han sido reprimidos por las normas y los valores, por lo que en su deseo de manifestarse y desarrollarse, han sido inhibidos o reprimidos, quedándose dentro y dando lugar a la conciencia.

La Moral de Esclavos frente a la Moral de Señores

La moral occidental es una moral de esclavos, porque hace del ser humano un esclavo de unos valores que se ha encontrado dados, de una diferencia entre el bien y el mal que le ha sido impuesta. Así, es una moral pasiva, de rebaño, porque no es creadora y se limita a aceptar de forma pasiva las normas externas. En definitiva, es una moral debilitadora de la vida.

A esta moral pasiva «de esclavos», Nietzsche contrapone una moral de señores, «una moral noble», una moral que exalta la vida e impone sus propios valores, es decir, una moral creativa. Esta es una moral auténtica, porque es activa y no debe sumisión a nada ni a nadie.

El Origen de los Valores y la Decadencia de Occidente

Según Nietzsche, no hay «saber desinteresado»: todo discurso surge en función de unos intereses; no hay discurso neutro u objetivo. Con ello, Nietzsche se va a centrar en denunciar la presencia de intereses «contrarios a la vida» en determinados discursos que son precisamente los que se presentan a sí mismos como los más desinteresados y neutrales.

Dice Nietzsche que estas son invenciones defensivas fruto de la incapacidad para vivir la vida. Es decir, la propia incapacidad para disfrutar de la vida, del cuerpo o de la sensorialidad, hace que se acabe negando el cuerpo, la sensibilidad y la vida misma. De aquí que diga que la moral es fruto del resentimiento: aquellos que son incapaces de crear sus propios valores, se defienden creando una moral de débiles negadora de la vida y se la imponen a los fuertes como venganza.

La Negación de la Vida y la Urgencia de la Transmutación

Tanto la tradición del pensamiento occidental, surgida con Sócrates y Platón, como el cristianismo, surgen de la incapacidad o del fracaso para vivir la vida. Los sacerdotes y los filósofos, incapaces de aceptar su propio cuerpo, su sexualidad, su vejez, su muerte, e incapaces de aceptar que la vida no tiene otro sentido que el que cada uno se invente, la niegan y se inventan otra realidad. Esto ha llevado a la decadencia de Occidente, por lo que urge una transmutación de todos los valores.

La razón dogmática ha impuesto una sola dirección para la conciencia, porque se cree que existe un único sentido superior al ser humano. Sin embargo, la pluralidad de perspectivas siempre ha prefigurado un espíritu libre y múltiple para el ser humano, con fuerza para permitir crear diferentes modos de ver el mundo.

El Superhombre como Creador de Valores

El superhombre (*Übermensch*) es el ser humano que ha tomado conciencia de la muerte de Dios. A pesar de ser superior al ser humano actual, dice Nietzsche, es un niño inocente que juega con la vida porque esta es un juego. Es capaz de crear valores y dictárselos a sí mismo, porque la vida se torna en posibilidad abierta para vivir con más fuerza y amor por ella. El superhombre es aquel que vive sin esconderse en otros mundos donde consolar la angustia por el miedo que pueda generar vivir.

La Ausencia de Sentido Cósmico

No existe ninguna providencia, ningún orden cósmico; el mundo está privado de orden, de estructura y de sabiduría. El mundo carece de sentido. Nietzsche afirma que:

  • El mundo no avanza en línea recta hacia un fin, como pretende el cristianismo.
  • Mucho menos progresa, como pretende la filosofía o la ciencia.

El mundo está constituido por energías que se expresan en fuerzas contrapuestas y que continuamente luchan por expresar su potencial instintivo, pero es inútil buscarle un sentido oculto a esta lucha de voluntades. No existe ninguna estructura racional que pueda servirnos de apoyo.

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