Transformaciones Demográficas y Estructura Social en la España de los Austrias
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El Crecimiento Demográfico
En el siglo XVI, la población de los reinos hispánicos aumentó considerablemente, especialmente en Castilla. A lo largo de la centuria, el número de habitantes pasó de cinco a casi ocho millones.
La población urbana era escasa y pocas ciudades tenían más de cinco mil habitantes, aunque algunas como Barcelona o Valencia en la Corona de Aragón, y Valladolid, Toledo o Sevilla en Castilla, llegaron a superar los 30.000 habitantes en el siglo XVI.
Una Sociedad Estamental
La sociedad de la época seguía dominada por la nobleza y por el clero, que acumulaban un altísimo porcentaje de las rentas y riquezas del reino y no pagaban impuestos.
La Nobleza y el Clero: Los Privilegiados
- La nobleza, el 5% de la población, abarcaba desde los Grandes de España, una élite con inmensos patrimonios, hasta los caballeros e hidalgos, con haciendas mucho más modestas.
- Era habitual la compra de títulos y el acceso a la nobleza por servicios al rey en la administración o el ejército (nobleza de toga y espada).
Los No Privilegiados
Los no privilegiados, el 80% de la población, eran mayoritariamente campesinos (pecheros), que pagaban tributos (pechos) y tenían todo tipo de obligaciones: rentas señoriales, diezmas, etc.
Sin embargo, la situación del campesinado variaba según los territorios:
- En el Norte de Castilla predominaban los pequeños y medianos agricultores.
- En Andalucía eran más numerosos los campesinos sin tierras.
- En Cataluña, los remensas habían conseguido el dominio sobre la tierra, a cambio de pagar impuestos a los señores.
Grupos Marginados
Por último, existían también grupos diferenciados por su procedencia étnica o religiosa. El origen de los moriscos y de los judíos conversos fue siempre causa de marginación o persecución y muchos de ellos intentaban ocultarlo por miedo a las represalias.
Felipe III: El Gobierno de los Validos
Felipe III (1598-1621), hijo y sucesor de Felipe II, inauguró una nueva etapa política de los Austrias españoles. Tanto él como sus sucesores renunciaron a ejercer personalmente el gobierno, que pasó a manos de ministros omnipotentes, los validos o privados.
Política Exterior e Interior del Reinado
Felipe III tuvo un breve y, en general, pacífico reinado. Entregó el gobierno al duque de Lerma, que propició la firma de la Tregua de los Doce Años (1609), que reconocía de hecho la independencia del Norte de los Países Bajos, más tarde denominado Provincias Unidas de Holanda.
En el interior, el hecho más relevante fue la expulsión de los moriscos (1609), la mayoría de los cuales trabajaban en el campo. Primero se deportaron a los moriscos del reino de Valencia, los más numerosos, y de la Corona de Castilla, y en 1610, a los de Aragón y Cataluña.