Transformaciones Borbónicas en España: Absolutismo, Centralización y Despotismo Ilustrado
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Reformas en la organización del Estado: La monarquía centralista
La llegada de los Borbones al trono español impuso el absolutismo, un sistema político que se consolidó en Francia en el siglo XVII bajo Luis XIV. En este modelo, el monarca era la encarnación del Estado; a él pertenecían el territorio y las instituciones, y su poder era prácticamente ilimitado.
Los primeros reyes Borbones, Felipe V y Fernando VI, emprendieron una profunda unificación y reorganización de los reinos peninsulares. Felipe V, mediante los célebres Decretos de Nueva Planta, impuso la organización político-administrativa de Castilla a la Corona de Aragón, estableciendo así un modelo uniformador y centralista. Esta nueva estructura se aplicó en todo el territorio, con la excepción de los territorios forales de País Vasco y Navarra. Las Cortes de los antiguos reinos se integraron en las de Castilla, que pasaron a denominarse Cortes de España.
El monarca concentraba todo el poder, interviniendo y decidiendo en todos los asuntos del Estado. Su labor era auxiliada por las Secretarías de Estado y del Despacho, órganos clave en la nueva administración. Los Borbones reorganizaron el territorio, eliminando los virreinatos peninsulares (manteniendo los americanos) y creando demarcaciones provinciales gobernadas por capitanes generales. La institución del corregidor castellano se generalizó por todo el reino.
Se introdujo también el cargo de intendente, una figura que dependía directamente del rey y gozaba de amplios poderes. Su misión principal era la recaudación de impuestos y la dinamización económica de su jurisdicción. En el ámbito de la Hacienda, se intentó una reorganización para sanear la economía, estableciendo que todos los habitantes debían contribuir en proporción a su riqueza. Este intento se materializó en la Corona de Aragón con el Catastro, una cuota fija a repartir entre los habitantes. Tuvo cierto éxito y se intentó extender a toda España, pero la resistencia de los estamentos privilegiados impidió su aplicación generalizada.
La práctica del Despotismo Ilustrado: Carlos III y las obras públicas
El Antiguo Régimen y la Ilustración
El Antiguo Régimen fue el sistema de organización política (Absolutismo), social (sociedad estamental), económica (predominio de la agricultura y el mercantilismo) y poblacional (estancamiento demográfico) que rigió en los gobiernos europeos desde el siglo XV hasta finales del siglo XVIII, marcado por la Revolución Francesa. En este sistema, el poder político era el Absolutismo, y los tres poderes se concentraban en el monarca.
La Ilustración fue un movimiento intelectual que se difundió por toda Europa durante el siglo XVIII. Se basaba en la primacía de la razón como único medio para alcanzar el conocimiento y el progreso. Surgió en Francia, pero se extendió rápidamente por todo el continente. Los ilustrados criticaban la sociedad estamental, negando la herencia de privilegios y afirmando la igualdad y el derecho a la libertad. También cuestionaban la organización económica y el excesivo dominio de la Iglesia, así como la monarquía absoluta.
El Despotismo Ilustrado en España
Una parte de los ilustrados creyó posible introducir cambios sociales y económicos apoyándose en la monarquía absoluta, dando origen al concepto de Déspotas Ilustrados. La monarquía absoluta, a su vez, adoptó algunos principios de la Ilustración para implementar reformas, buscando el bienestar del pueblo sin que este participara en el gobierno (la famosa frase "todo para el pueblo, pero sin el pueblo").
La Ilustración Española fue introducida de forma lenta y difícil. La ausencia de una burguesía fuerte y la profunda influencia de la Iglesia obstaculizaron su difusión. Sin embargo, a partir de 1750-1760, surgió una generación de pensadores que criticaron el modelo social español, considerando la mejora del nivel cultural como imprescindible.
La educación se convirtió en un objetivo prioritario para los ilustrados, quienes se enfrentaron a las órdenes religiosas y defendieron la necesidad de una enseñanza útil y práctica. También se preocuparon por la cuestión económica, identificando como problema principal la amortización de tierras en manos de la nobleza y el clero, lo que impedía su libre circulación y productividad. Un ejemplo destacado de las obras públicas impulsadas bajo este espíritu es el Canal de Castilla, una ambiciosa infraestructura destinada a mejorar el transporte y la agricultura.